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Sin goles también hay partidazos

Con un ejercicio de desgaste brutal, el Celta retomó su mejor versión para parar los pies al líder de la Liga

vigo / la voz, 21 de enero de 2016. Actualizado a las 13:14 h. 7

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Ni siquiera hicieron falta goles para ver un partidazo sobre el lamentable césped de Balaídos. Celta y Atlético ofrecieron un espectáculo brutal de derroche físico y futbolístico que deja abierto el billete para la semifinal de la Copa al tiempo que insufla nuevos aires de confianza en las filas celestes. La tropa de Berizzo, a la que solo le faltaron los goles, ofreció un recital que recordó al arranque liguero.

Todo al ataque

Sin miedo al líder. Contemporizar no es algo de lo que entienda Berizzo. Ni siquiera ante el líder de la Liga. Por eso el Toto, libre de complejos y presiones, apostó por alinear un once con una abrumadora carga ofensiva. Además de situar en ataque a sus dos delanteros -Aspas escorado a la banda y Guidetti en punta- y al todoatacante Orellana desplazado a la izquierda, armó el centro del campo con un Hernández como enganche y un Wass al que ayer le tocó dejar en la taquilla su vocación ofensiva. El danés ejerció de doble penalti e incluso se incrustó entre los centrales cuando el Atlético pasó a jugar con un 4-4-2.

El ritmo

Fútbol vibrante. Si el partido del Celta, sobre todo la primera mitad, necesitase una banda sonora, por los altavoces de Balaídos podría escucharse el «Vértigo» de U2. Y es que la intensidad, el ritmo y le presión con la que jugó el conjunto celeste fue absoluta, dando al rival de su propia medicina y pasando por encima de los del Choco en muchas fases del partido. El desgaste celeste se vio en constantes carreras ganadas y en la capacidad de los locales para manejar el encuentro a su antojo y llegar con peligro a la meta de Moyá. Aunque el desgaste se notó tras el paso por vestuarios, los célticos fueron capaces de mantener un ritmo alto que evitó que el Atlético repitiese la victoria de hace quince días.

El juego

Fútbol delicioso. La mejor versión del Celta resurgió de la mano de la presión y la intensidad. La perfecta colocación de los celestes y las ayudas constantes garantizaban rápidas recuperaciones de balón, disputas ganadas y un juego entre líneas que por momentos rozaba la perfección. En su día Berizzo proclamó que quería que su equipo viviese entre líneas, y a eso se dedicaron sus chicos en los primeros cuarenta y cinco minutos. A encontrar espacios y desarbolar a un rival poco acostumbrado a que se acerquen a su portería.

La clave

Todos a una. Berizzo, y por extensión su equipo, leyó a la perfección el duelo. Tal fue así que el Atlético se sintió incómodo y no fue capaz de aprovecharse de los millones que tenía repartidos por el campo. Parte de esa incomodidad nació del gran trabajo de presión local y del inmaculado partido que protagonizaron todas las líneas. Defendían desde Guidetti y atacaban desde Jonny. Wass se ancló al centro del como si llevase toda la vida como pivote y Radoja mostró la solvencia y el liderazgo que el equipo necesitaba. La defensa céltica rozó la perfección y se reencontró así con una contundencia que echaba en falta desde hace semanas. Jonny recuperó el tono, Planas firmó uno de sus mejores partidos y los dos centrales estuvieron soberbios.

La pega

Faltó el último pase. Al Celta solo le faltó estar más fino en el último pase. El potencial ofensivo y combinativo que generó fue enorme, con Aspas entrando desde la derecha y desnortando a la defensa y con Guidetti firmando su mejor actuación hasta la fecha. Salvo la falta de gol y el penalti no pitado, todo fueron buenas noticias.

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