El mejor bosque atlántico europeo

La preservación del suelo es clave para favorecer la restauración

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Las fragas del Eume, declaradas como parque natural en 1997, conforman un espacio único y singular. Es un bosque de ribera dentro del bosque atlántico de robles más extenso y mejor conservado de Europa, con barrancos y laderas fluviales pronunciadas en valles angostos que conforman un auténtico reservorio para la biodiversidad, con la mayor variedad de especies de helechos, algunas únicas, y formaciones endémicas de musgos y líquenes. Es un ecosistema que también alberga especies animales endémicas y en peligro de extinción, desde pequeños anfibios a reptiles. Es, además, uno de los últimos refugios en Galicia del búho real.

¿Por qué es un lugar especial en Europa?

«Porque es el bosque atlántico más extenso de Europa y porque alberga una serie de especies amenazadas, de escasa distribución y de gran valor ecológico», resume el biólogo de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y natural de Pontedeume Alberto López-Teixido. Por si fuera poco, se trata de un bosque antiguo, que se ha mantenido prácticamente como tal al menos desde la Edad Media, en los últimos mil años, según apunta Pablo Ramil, director del Instituto de Biodiversidade Agraria e Desenvolvemento Rural de la USC. «Lo más singular, que lo hace especial, son los bosques de ladera», añade Ramil. Destaca también por su enorme biodiversidad. Solo un dato: en 100 metros cuadrados puede albergar hasta 70 especies diferentes de plantas con flor.

¿Es normal un incendio en un bosque así?

No, los bosques atlánticos y en especial las fragas del Eume se caracterizan por su elevada humedad, en este caso aportada por su cercanía al mar, el río Eume y el embalse, que suelen propiciar neblinas que aportan humedad y lo protegen mejor contra el fuego. Pero las llamas iniciadas en eucaliptos y pinos, de gran combustibilidad y que no son propios del entorno, propiciaron la expansión. «As cuñas de eucalipto e piñeiro o favoreceron», señala Mónica Arto, representante del movimiento ecologista en la junta consultiva del parque natural. «Es un bosque atlántico muy húmedo y un incendio no es un fenómeno natural. Solo se explica si alguien intencionadamente le prendió fuego», resalta el biólogo del CSIC Serafín González.

¿Cómo se puede recuperar?

Antes de llevar a cabo cualquier actuación, habrá que hacer una cartografía detallada que determine las zonas de pendiente (las más propicias para la erosión), en qué entornos el fuego ha sido más severo y en cuáles hay especies protegidas. Una de las prioridades para evitar la erosión pasa por conservar el suelo, por lo que no es aconsejable autorizar talas, aún cuando el árbol esté muerto, durante los próximos meses. En las zonas más dañadas es recomendable realizar un aporte de paja para proteger el suelo del impacto de la lluvia y evitar el arrastre, con la consiguiente erosión.

¿Cuál es el peligro?

Que en los próximos días se produzcan lluvias intensas y torrenciales, que arrastrarían las cenizas al río. Además de propiciar la erosión por el arrastre, se contaminará el caudal, ya que las cenizas son alcalinas y aumentaría el PH del agua. A la larga se favorecería el proceso de eutrofización (falta de oxígeno) por exceso de nutrientes aportados por la materia orgánica.

¿Hay algún mal menor?

La propagación del incendio ha sido muy rápida, lo que puede hacer pensar, en especial en un bosque húmedo, que el daño es menor y que hay más margen para la recuperación. Las copas de los árboles que no hayan sido muy dañados actúan como paraguas que protege al suelo del arrastre por la lluvia.