Mantel sin alharacas y viajes por la Red

Los príncipes de Asturias también invitan a sus amigos más íntimos a cenar en casa, donde se habla de todo, pero de lo que menos, de política

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Salen a cenar a casa de amigos, a algún sitio público -las menos de las veces- o reciben en la Zarzuela, en la llamada Casa del Príncipe. El comedor no tiene alharacas, ni estruendosos lujos. Felipe y Letizia charlan con sus invitados. De lo que menos, de política, y cuando se aborda el tema se hace sin profundizar. No todos los que acuden a su domicilio se encuadran en el círculo de amigos íntimos. Los encuentros se producen cualquier día de la semana, (un lunes, un martes...); es cuestión de agenda.

Los príncipes tienen sus cuadrillas, y las juntan. Él mantiene una excelente relación con su prima María Zurita y con Ricky, Juan, Álvaro y Susana Fuster, con los que recorría de pequeño las calles de Aravaca, donde estaba su colegio Santa María de los Rosales. Los Fuster conforman su círculo íntimo, en el que también se encuadra Javier López Madrid, casado con Silvia, la única hija del empresario Villar Mir, y Billy Hartley Sartorius, primo de Isabel Sartorius, el primer amor oficial del príncipe y con la que hoy mantiene muy buena relación.

Complicidades

Desde la reina hasta colegas de profesión. Antes de que se oficializara la relación entre los futuros monarcas, dicen que ella tuvo la complicidad de la reina desde el primer momento. La conocía a través de los telediarios, le cayó bien y le dijo a su hijo que no le parecía mala opción. Letizia mantiene en su círculo a las personas que la cubrieron durante el noviazgo no oficial. Hay periodistas.

También en aquellos días tuvo la complicidad de la infanta Cristina, quien se aproximó a ella y le facilitó encuentros con su hermano. Hoy mantienen un correcto trato institucional.

Todos los miembros de la familia real ya sabían que el príncipe Felipe solo se casaría por amor. Lo advirtió explícitamente en varias ocasiones, una de ellas al fracasar su noviazgo con Eva Sannum, ruptura en la que pesaron las decisiones de palacio.

La futura reina Letizia prepara a conciencia cada uno a los actos que va. No puede, no quiere, dejar ningún elemento de su intervención en el aire. A su lado está Jaime Alfonsín, secretario de la casa del príncipe y de la princesa, a la que ayudó nada más llegar a la Zarzuela. Esos días no fueron fáciles. La derecha monárquica más rancia sigue aprovechando cualquier oportunidad para volver a agredirla «injustamente», advierten sus próximos. ¿Por qué? No tiene sangre azul. «No han podido cazar al príncipe y han ido a por ella. Saben que es el eslabón más débil de la cadena», explican. El suicidio de su hermana y las intenciones de un primo que quiso hacer fortuna con la venta de un libro con confidencias la hirieron profundamente. Incluso dicen que se ha sentido culpable sin serlo.

«¿Me pregunta que si Letizia es trepa? No. Ella era una profesional de la información y hoy, qué más puede trepar?», subraya un amigo de la pareja.

A ambos se les ve profundamente enamorados. A los dos. Sin embargo todos los consultados coinciden en que al futuro rey se le nota orgulloso de las inquietudes de ella, de su sensibilidad social especialmente en el ámbito internacional. Sus miradas son delatoras de una complicidad extrema.

Ella mantiene un impulso hablador que ha conseguido educar. Ya no comete los errores de quitarle a a él la palabra. Cuando ambos conversan tampoco se llevan la contraria. Tanto Letizia como Felipe son de trato normal, sostienen conversaciones sobre cualquier tema. Están absolutamente documentados. Su trabajo se lo facilita, porque entre sus obligaciones está la de hablar con jefes de Estado de todo el mundo, y Felipe domina siempre la situación. Esas y otras.

Viajes privados

Galicia, uno de sus destinos. Los futuros monarcas conocen Galicia. Hicieron viajes privados en varias ocasiones. Una de ellas a la boda de la hija de Fernando Ónega, el que fuera jefe de prensa de Adolfo Suárez. También en Madrid acudieron al domicilio del periodista para celebra el cumpleaños de Fernando, el hijo pequeño. Y en esa ocasión Ónega le presentó a uno de sus cuñados a una joven. ¿«Quién es?», le preguntó el pariente despistado a Ónega. «¡La princesa Letizia, hombre!», le contestó en medio del asombro.

En otra ocasión, Ónega y su mujer invitaron a los príncipes a una cena en la que estaban Julio Iglesias (es el padrino de su hijo) y su mujer Miranda. También estaba Sonsoles Ónega, su otra hija y también periodista. «Nos contaron anécdotas de su vida de novios, de cómo se conocieron, cómo hacían para verse... Lo hicieron con normalidad, sin exquisiteces», apunta.

Además del trabajo, a los príncipes les gusta ir al teatro, a conciertos, al cine. A Felipe le encanta ver películas en versión original, «y si es al lado de Letizia mejor», recuerda una amiga de ambos. Saben escuchar. Recuerda el periodista Manuel Campo Vidal el día que a su mujer María le dieron el premio Luis Carandell. Hubo una audiencia privada en la biblioteca del Senado. «Letizia estuvo hablando con mi hija mayor a la que le preguntó todo sobre sus estudios y sus gustos intelectuales. Denotaba proximidad. Era el 15 aniversario del premio y así lo recordó mi mujer en su discurso; el príncipe no dudó en decirle a Letizia : ??Y nosotros ya vamos a cumplir dos quinquenios??».

Al día

Con nombre ficticio en las redes sociales. Los príncipes de Asturias están en permanentemente contacto con emprendedores, con científicos. Son discusiones sin prensa, que les permiten a no desvirtuar su realidad y mantenerse al día y conocer la preocupación de los ciudadanos. Con ese objetivo Letizia participa en las redes sociales, con nombre ficticio, por supuesto. Un nombre que nadie desvela. Letizia Ortiz sale de compras de manera improvisada. Sola en ocasiones al mercado o con sus hijas si van de tiendas. Malo si se le acerca un fotógrafo. Le enfada que retraten a sus niñas. No entra en su lógica del respeto a los menores dentro del ámbito privado.