Violencia de guante blanco

El Gobierno heleno es cómplice de un sistema que produce miseria a manos llenas

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EN DIRECTO disturbios en grecia

El domingo, una vez más, los informativos de medio mundo transmitieron la imagen de una Atenas en llamas y exhibieron el rostro compungido de algunos políticos condenando la violencia. Esa violencia que condenan -y que, en el fondo, les favorece-, la hemos condenado repetidamente, no solo con palabras sino también con actos, quienes acudimos una y otra vez a manifestarnos desde la no violencia contra la desmedida violencia de guante blanco ejercida impunemente por quienes de iure y de facto nos gobiernan.

El domingo, en la plaza Syntagma de Atenas se concentraron más de cien mil personas para tratar de impedir de forma no violenta que avanzara aún más el funesto plan que está dejando a Grecia hundida en la miseria y sometida a la voluntad de sus controvertidos acreedores. Esa no violencia no llenó las pantallas, ni las páginas de los periódicos. Sin ir más lejos, pasó desapercibida, por ejemplo, la imagen de los ancianos Mikis Theodorakis (famoso compositor griego) y Manolis Glezos (conocido historiador heleno y héroe de la Segunda Guerra Mundial) tratando de hablar con los antidisturbios y teniendo que ser evacuados poco después en medio de una nube de gases lacrimógenos.

Yo estaba allí, a su lado, junto a otros muchos. Nos tragamos de lleno la primera bocanada. Pero las arcadas no nos impidieron correr para tratar de abrirnos paso y sacar de allí a Theodorakis, en su silla de ruedas y pegado a una máscara antigás.

Manifestantes pacíficos

Media hora después, ya recuperados, los dos respetados personajes trataron de acercarse otra vez a los agentes. Mientras, a uno y otro punto de la plaza, la policía continuaba lanzando gases contra una masa compacta de manifestantes pacíficos que retrocedía y volvía a avanzar según la densidad del humo, sin intención alguna de abandonar el lugar.

Todo esto -de lo que poco se informa-, sucedió mucho antes que los disturbios que tuvieron lugar en las calles circundantes, mucho antes de que cayera la noche y, lamentablemente, instigadores y alborotadores -cuya tesitura moral guarda nula relación con la del grueso de los manifestantes- incendiaran varios edificios del centro de la ciudad.

Esta violencia de reyerta la condenamos todos. Pero hay que condenar también la otra: la de un Gobierno que, lejos de garantizar el derecho a la manifestación pacífica, gasea sistemáticamente a quienes tratan de ejercerlo para no sentirse cómplices de la injusticia; la de unos representantes de oídos sordos que no se atreven a asomarse siquiera a la ventana del Parlamento para ver que, desde hace ya tiempo, gobiernan de espaldas a una ciudadanía cada vez más desesperada.

La violencia de estar mintiendo reiteradamente a esa ciudadanía y de escamotearle un referendo para pronunciarse sobre pactos que la comprometerán durante largos años y que están siendo firmados en su nombre por un Gobierno colaboracionista de muy dudosa legitimidad democrática; la violencia de haber dejado a 30.000 personas sin hogar durmiendo entre cartones este invierno; la de haber situado ya al 28 % de la población del país en la pobreza; la violencia de condenar a una generación al paro, o a la miseria de ser contratado por 500 euros y acribillado a impuestos por el Estado; la violencia de cortar el suministro eléctrico a las familias mientras se subvenciona a fondo perdido a la banca; la violencia de estar desmantelando el Estado social y democrático para pagar la insensatez de los políticos y el descontrol de la especulación.

Cómplices hipócritas

Esta es la violencia que hay que condenar, la impune violencia de guante blanco, la violencia impoluta que ejercen los hipócritas que callan sabiéndose cómplices de un sistema que produce a manos llenas miseria, explotación, colonialismo, guerra y muerte, y que, sin embargo, hacen un consternado gesto de repulsa cuando ven un contenedor de basura en llamas.

Pedro Olalla es profesor de la Universidad de Atenas.

El historiador Manolis Glezos, zarandeado por la policía durante los disturbios. newsbomb.gr