«No me dopé porque siempre tuve un miedo enorme a morir»

antón bruquetas REDACCIÓN / LA VOZ

DEPORTES

SANDRA ALONSO

Asegura que las marcas que se hacían hace una década «no eran creíbles» y que la mayor parte de los atletas recurrían a sustancias prohibidas

04 ago 2015 . Actualizado a las 09:37 h.

Cuando habla sobre estos temas se le nota un punto de crispación y otro de resignación. Recalca que el tema del dopaje es complejo, tiene mil aristas y está propiciado por una sociedad donde la competencia desmedida se inculca desde muy pequeño. Pedro Nimo (Santiago de Compostela, 1980), uno de los atletas gallegos más reconocidos, afirma que su fobia a las agujas y su irrefrenable miedo a morir le disuadieron de consumir sustancias prohibidas cuando se lo propusieron. «No hay ninguna marca que compense cinco años de vida», señala.

-¿Está tan mal el atletismo como lo pintan?

-Todos estos temas de dopaje son delicados. En España hemos tenido la operación Galgo, Grial y Puerto y ahí están las bolsas de sangre, esperando que alguien tenga las narices para hacer lo que se debe hacer con ellas. Y cuando dices lo que piensas sobre esto, te acusan de que solo quieres generar polémica. Pero mentiría si dijese que me extrañan todas las informaciones que han salido sobre los valores anómalos en los controles sanguíneos a atletas.

-¿Por qué no le extrañan?

-Hombre, le pongo un ejemplo, no es lógico que hace diez años hubiese en España la gente que había bajando de 2h09 y ahora no haya nadie. Es cierto que la crisis económica ha influido y ahora en el atletismo no hay un peso y los deportistas se ven obligados a compaginar entrenamientos con el trabajo, que son malos compañeros de viaje. Pero de todos modos, hay algo que chirría.

-¿No se cree las marcas de entonces?

-Es que no eran creíbles. Desde 1998 a 2006, aproximadamente hubo una barra libre con la epo y las transfusiones. Y así se fueron esculpiendo muchas medallas. Veías algunas analíticas de gente que entrenaba a destajo y tenía 50 de hematocrito. La vez que di más alto fue 47 y cuando estaba en mi mejor punto de forma lo tenía por 43 o 42.

-¿Qué lleva a alguien a recurrir a sustancias prohibidas?

-Fundamentalmente el dinero, pero también la sociedad en la que vivimos. La competitividad es brutal. Llegamos a ver a nuestro compañero de pupitre como un rival. La gente se dopa hasta en las carreras populares, donde el premio es una lata de refresco. Y le aseguro que arriesgan su salud. ¡Qué no van a hacer en el deporte profesional en el que hay mucho dinero en juego!

-¿A usted le ofrecieron la posibilidad de doparse?

-Bastantes veces. Y en muchas ocasiones me pregunto qué habría ocurrido si hubiese tomado ese camino. Tuve la inmensa fortuna de que tengo fobia a las agujas y un miedo enorme a morir y pienso que por eso no me dopé. Un día llamé a Moncho Barral y le pregunté todos los efectos secundarios de los productos que me ofrecían. De aquella estaba de moda la insulina y la hormona de crecimiento. ?Acabarás diabético y con la hormona crece todo, incluso las células cancerígenas?, me dijo. No hay marca que compense cinco años de vida.

-¿Se puede acabar con esta lacra?

-Es triste, pero es imposible cambiar la sociedad en la que vivimos. En España quizás la crisis puede suponer una ventaja. En el atletismo no hay dinero, con lo que muy pocas personas se podrán permitir el dopaje.