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El superpetrolero se acercó a la costa gallega para recuperar un ancla desprendida

El buque tanque «Front Serenade», con bandera de Liberia y que se dirigía a Róterdam, se desvió de su rumbo por el corredor marítimo de Fisterra 

Cee, A Coruña, 04 de enero de 2016. Actualizado a las 14:02 h. 71

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La posibilidad, en este caso remota, de que ocurriera otro desastre marítimo como el que en el 2002 provocó el Prestige volvió a vivirse de nuevo el viernes muy cerca de donde el petrolero de Mangouras lanzó su señal de socorro. Otro buque que transportaba crudo se vio obligado a realizar una maniobra de cierto riesgo que finalmente salió bien, sin que fuera necesaria ningún tipo de asistencia. Esta vez era un superpetrolero de 330 metros de eslora que transportaba 300.000 toneladas de crudo, más del triple que el Prestige. El buque tanque se acercó a unas 14,5 millas de los bajos de Os Meixidos, frente al faro de Lariño (Carnota). Sin embargo, no perdió la propulsión de su máquina en ningún momento. No estuvo, por tanto, a la deriva.

El petrolero Front Serenade, con bandera de Liberia y que se dirigía al puerto de Róterdam (Holanda) procedente de Sidi Kerir (Egipto), navegaba el viernes por la tarde por el Dispositivo de Separación de Tráfico de Fisterra -situado a entre 21,7 y 39,5 millas del cabo Fisterra, en función del tipo de mercancía transportada- y se desvió de su rumbo por el corredor marítimo para iniciar una preocupante derrota hacia la costa. Pero en realidad era una maniobra controlada para intentar recuperar un ancla, que se había desprendido parcialmente del dispositivo de sujeción por causas que se desconocen.

Para este acercamiento hacia la costa contaba con el beneplácito de los controladores de Salvamento Marítimo, que sobre 17.15 horas recibieron la comunicación de la emergencia. Inmediatamente se movilizó al potente remolcador Don Inda, con base en el puerto de Brens, en Cee, para supervisar la operación y comprobar que el acercamiento y la maniobra de izado se hacían con las necesarias garantías de seguridad. Las condiciones del mar en ese momento eran complicadas, con fuerte viento y oleaje intenso.

Las anclas de estos petroleros tienen un enorme peso, cuentan con un freno y «van perfectamente trincadas», explican fuentes de la autoridad marítima. Pero cuando se desprenden, lo habitual es buscar aguas más tranquilas para realizar la maniobra de recuperación, que no está exenta de riesgos, y no entorpecer el intenso tráfico marítimo de estos corredores. Cuando el ancla está a la altura del casco y hay mucho oleaje, pueden producirse daños graves en la estructura del buque. De ahí que el capitán del buque decidiera buscar aguas más abrigadas para emprender el proceso de recuperación. Al parecer, se habían largado catorce grilletes de la cadena del ancla durante la travesía por el corredor de Fisterra. Finalmente, el ancla pudo rebobinarse sobre las horas sin que se produjeran desperfectos en el casco, aunque en principio los eventuales impactos nunca afectarían a la zona de los tanques donde se almacena el crudo.

Además el petrolero cuenta con doble casco, como todos los que circulan ahora frente a la costa gallega después del acortamiento de plazos en la moratoria para los barcos con casco simple, una decisión que se tomó precisamente a raíz del accidente del Prestige en Galicia.

No fue necesario que el Don Inda, uno de los buques insignia de Salvamento Marítimo, le diese remolque. El problema que tenía el petrolero ya se había solucionado y pudo retomar de nuevo su rutina de navegación buscando con rumbo noroeste el dispositivo de separación de tráfico para enfilar en dirección al canal de la Mancha. Ayer, al cierre de esta edición, había superado ya la altura de Estaca de Bares.

Alarma en tierra

En tierra, donde numerosos aficionados a la navegación seguían la operación a través de distintos dispositivos, saltaron todas las alarmas por el todavía vivo recuerdo del Prestige y por la zona elegida, muy cerca de los bajos de Os Meixidos, un área muy conocida entre los profesionales como un verdadero campo de minas en la que en los últimos 200 años naufragaron al menos 12 grandes buques, el último el mercante vasco Baitín en 1989.

Un susto similar hace justo dos años

Salvando las distancias, pues no se trataba de un petrolero, el mercante «Abis Calais» estuvo muy cerca de encallar en los acantilados de cabo Prior el 28 de enero del 2014. La situación era diferente, pues en este caso la prioridad era salvar la vida de los ocho tripulantes de un buque que llegó a estar a menos de una milla de la costa por un fallo mecánico en las máquinas que lo dejó sin gobierno, a merced de un fuerte oleaje que lo acercaba peligrosamente a las rompientes. Finalmente un remolcador privado, no sin dificultades, logró separarlo «in extremis» de la costa.

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