La maraña

Poetas


El pasado miércoles sentí la llamada del verso, la voz profética y liberadora de la poesía. Imposible no atenderla, desoírla, rechazarla. Desde el umbral de Portas Ártabras, Luz Pozo nos convocaba a todos los amadores de la palabra a descubrir en el cofre que abrió al mundo hace 94 años, la alquimia final, el filtro perfecto, la fórmula magistral de su lírica mil veces arelada en el cedazo de oro que solo a los seres humanos más excelsos conceden las Musas. Ver y oír a Luz Pozo es una alegría a defender siempre y en toda circunstancia como diría otro escogido, Miguel Hernández. Ven, oyen, huelen, tocan y hablan sus 94 años sobre esta tierra bendita.

Contemplar sus pasos todos, sus versos y el manantial que sobre su cabeza la acompaña como un aura, es una ocasión irrepetible y mágica que sanea las arterias, convierte el corazón en un saltimbanqui y abate una a una las malas intenciones, los odios, los rencores y la venganza. Escuchar la voz de Luz Pozo, para mí la más grande de nuestros poetas vivos, espanta los espíritus malignos y llena de claridad los caminos oscuros por los que transitamos extraviados en los senderos de vulgaridad de este mundo polucionado por nuestra desidia.

Domesticados como estamos o nos sentimos por el poder omnímodo de los dueños del basurero, dejarse bañar en agua de rosas tántricas por las manos transparentes de Luz Pozo es alcanzar el sueño de la libertad perdida, volver al tiempo ido y, recostados en las nubes, conversar con Borges cuya ceguera derretía el sol. Gracias por este poemario, Rosa tántrica, y por aliviar con tus versos nuestra soledad.

 

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