El Monte de O Pindo, un paraíso convertido en selva

Una propuesta para recuperar la zona, que pasa por la vuelta del ganado

Vista actual de la ladera del promontorio carnotano desde el alto denominado Cova Xoana.
Vista actual de la ladera del promontorio carnotano desde el alto denominado Cova Xoana.

Desde el desastre del año pasado mucho se ha escrito sobre lo que hay que hacer con el Monte de O Pindo. Esta es una opinión más que podemos unirla a las demás.

Sabemos, porque nos lo han dicho, y todavía lo podemos comprobar hablando con algunos vecinos del entorno, que sobre la década de los 50 del siglo pasado se podía caminar en zapatillas por todo el monte de O Pindo debido a la inexistencia de maleza, pero si a la abundancia de sus manantiales, fuentes, senderos y caminos limpios, y sus valles cubiertos con hierba. Abundaban los pequeños animales como pájaros, insectos, reptiles, alimañas, aves carroñeras y mucha caza, como conejos. Así nos lo dice la toponimia del lugar: Outeiro do Corvo, Outeiro dos Raposos, Campo dos Coellos, Outeiro da Choia, Outeiro da Aiga, Pena das Grallas, Cova dos Gatos, Costa das Cabras, Rego dos Cabalos, etcétera. Así también nos lo contaba en su libro Fray Martín Sarmiento en 1745 con motivo de su viaje a Galicia.

¿Qué pasó pues a partir de 1956 para que todo fuera cambiando? El Estado ordenó repoblar el monte de pinos y prohibió el pastoreo de toda clase de ganado. Es entonces cuando se rompió el equilibrio entre la flora y la fauna. Las plantas invasoras se encontraron sin enemigos y desplazaron a las más débiles evitando que germinasen sus semillas, y con ello se tupieron los senderos, los manantiales y las fuentes. Además, se destruyó el hábitat de los pequeños mamíferos e insectos y se acumuló una enorme masa vegetal que en caso de incendio se convierte en imparable, como sucedió hace ya un año. Si a esto le añadimos la plantación de especies foráneas como el eucalipto, la cadena se convierte ya en destructiva.

En este momento el monte, aunque vacío de fauna y lleno de maleza quemada en los entornos de las aldeas, se está regenerando, pero las plantas invasoras surgen con más fuerza acaparando la mayor parte de su superficie, como el tojo, silvas, helechos y retamas de eucaliptos, aniquilando a las más débiles. Esto es debido a que no tienen enemigos que los mantenga a raya y al cabo de unos años nos encontraremos otra vez con el monte en estado selvático.

Por ello, ¿por qué no pueden volver aquí los animales caprinos, bovinos y vacunos, que combatirían y plantarían batalla a esos invasores mermándoles fuerza, haciendo al mismo tiempo de catalizadores y garantes de ese equilibrio entre la flora y la fauna en el monte?.

Por otro lado, algunos fuegos controlados también serían una buena herramienta para regenerar pequeñas extensiones. Es cierto que existen varios brotes verdes de «carballo enano» aunque en lugares escondidos, como avergonzados por el abandono en que se encuentran.

Sin podas

Nunca encontraron una mano caritativa que los cuidara con podas periódicas para formar pequeñas devesas que ayudarían a importar otra variedad de fauna. Y puestos a pedir, sería el momento de recuperar la red de senderos perdidos y arreglar la red viaria principalmente, las pistas forestales y el sendero de A Moa.

(*) Ingeniero técnico topográfico y jubilado del Instituto Geográfico Nacional (IGN)

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