Ideas demasiado familiares

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

26 jul 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Al leer fragmentos del manifiesto que Breivik colgó en Internet, muchos habrán sentido repulsión. Pero muchos otros se habrán sentido, más que repelidos, incómodos; porque las ideas que expresa en él les resultarán familiares, incluso razonables. El hecho es que, lejos de ser marginales, esas opiniones sobre emigración, multiculturalismo o política social son las mismas que se pueden leer en muchos comentarios que se cuelgan anónimamente en las ediciones en línea de los periódicos, las mismas que se oyen a menudo en determinadas tertulias, las que se escuchan en los bares: «Europa es demasiado permisiva con los inmigrantes», «Zapatero se ha rendido a los musulmanes», «la izquierda miente y está aliada con ellos», «hay que dejarse de tantos derechos humanos y tanta tontería».

No nos engañemos: estas, y no otras más radicales, eran las ideas de Breivik, al que piadosamente se describe como extremista, cuando en realidad lo único extremista ha sido su comportamiento. Sus ideas no están, en nuestra sociedad, en un extremo. Están en el centro del debate, son habituales, están extendidas. Cierto es que la inmensa mayoría de los que las sostienen no matan, pero esto vale para cualquier otro extremismo. Por eso es importante entender que todas las creencias, todas, son susceptibles de convertirse en criminales. Incluso la palabra terrorista se inventó, después de todo, para describir el comportamiento de los demócratas (se refería a los revolucionarios franceses, de Robespierre en adelante).

Muchos se refugiarán en el pensamiento consolador de que Breivik era un loco. No parece ser el caso. Mejor sería contemplar, en cambio, las lecciones que se desprenden de esta tragedia. Quizá sean estas: que seguramente haya maneras de pensar intrínsecamente nocivas pero ninguna es intrínsecamente inocente, porque toda idea es susceptible de ser extremista si uno no acepta la humanidad del contrario. Y que si esta sociedad es permisiva, es por algo: porque la alternativa sería mucho peor.