Cuidan a los heridos, reparten alimentos y toman postura de forma apasionada: con velo o sin él, las mujeres egipcias de la plaza Tahrir levantan una voz que difícilmente podrá ignorarse en el futuro. Son cada vez más las que participan en las protestas, dando un colorido especial a ese «Estado libre de El Cairo».
Pese a que la mayoría de las víctimas de la represión contra los manifestantes fueron hombres, también una mujer murió por el impacto de una pedrada. Un gran póster con la foto de Sali Sahran, una bella joven de pelo largo y rizado, puede verse en varios lugares de la plaza, al igual que las imágenes de los otros mártires del movimiento.
Unas 200 mujeres formaban ayer un gran grupo en la plaza. Todas llevaban velo, algunas incluso el niqab, y gritaban consignas contra el régimen. Son mujeres muy religiosas que se sienten más seguras en grupo. «En el islam debemos tener cuidado de no ser tocadas en las aglomeraciones. Pero también hay cristianas entre nosotros».
La experta en dietética Sherifa Abul Fatur no tiene ese tipo de miedos al contacto. Además, lleva el pelo suelto. Con grandes bolsas y sacos se abre paso juntos a sus amigos a través de la multitud para repartir bocadillos y chocolate entre los hambrientos ocupantes de la plaza.
En los patios traseros de la primera línea de viviendas dela plaza, doctoras y enfermeras atendieron a los heridos en los días y noches de los brutales ataques por parte de los seguidores del régimen.
La profesora Doa Faruk lleva un pequeño cartel de cartón en el pecho, que dice: «Los egipcios son luchadores e imbatibles. Cuando vuelva con mis hijos [cuenta Faruk], les contaré todo lo que he visto y vivido aquí, con mis propios ojos. Nada volverá a ser como antes».