«El régimen castrista es una fiera herida que no tiene recursos para parar la desobediencia cívica»
INTERNACIONAL
Berta Soler es una de las fundadoras de las Damas de Blanco. Vive en un modesto piso en Alamar, un barrio dormitorio a diez kilómetros de La Habana, junto a los dos hijos fruto de su matrimonio con Ángel Moya Acosta, uno de los 75 disidentes apresados en la primavera del 2003. Por la liberación de los 53 que quedan en prisión, el colectivo ha realizado esta semana siete marchas en las que ha sufrido el acoso del Gobierno, que las acusa de contrarrevolucionarias y piezas de una campaña internacional contra el régimen.
-¿Qué opina de la reacción del Gobierno de Raúl Castro ante sus marchas?
-El Gobierno es ahora una fiera que está herida, que está en sus últimos momentos y no tiene recursos con los que parar la desobediencia cívica y pacífica que estamos llevando a cabo las Damas de Blanco. Y como está tan rabioso recurre a estos actos de repudio.
-Raúl Castro lleva más de dos años de presidente ¿Cuándo asumió el cargo tenían esperanzas de que introdujera cambios?
-No los esperábamos. Raúl es igual que Fidel. Los Castro juntos son los Castro juntos. No les interesa el pueblo, solo sus posiciones.
-¿Qué efecto están teniendo en la oposición la muerte de Zapata, la huelga de hambre y sed que realiza Fariñas y sus marchas?
-La oposición se ha unido con mucha más fuerza. Pero es triste que haya tenido que morir un hombre para que el mundo entero se diera cuenta de que este Gobierno es una dictadura.
-¿Cómo interpreta el giro dado por España, que ya no buscará levantar la Posición Común de la UE?
-Muy positivo, porque hasta la muerte de Zapata, España no se daba cuenta de cómo era este régimen. Al castrismo hay que apretarlo de todas formas, sancionándolo o como sea para que reaccione. Pero como es tan obstinado, tan prepotente, no sé cómo va a responder. Lo que sí está es desesperado.
-¿A qué atribuyen que las personas que se encuentran con sus manifestaciones se queden al margen, observando en silencio?
-Al miedo. Pero estoy segura de que muchos están a nuestro favor. Lo importante es que no se suman al repudio. Algunos nos reconocen y nos dicen que nos admiran y alientan.
-¿Una persona integrada cómo llega a hacerse opositor?
-El engaño y la desconfianza en el Gobierno provocan que se les caiga la venda de los ojos y se hagan disidentes. Otros ya no tienen miedo a expresar en la calle lo que sienten. Hay también algunos que buscan poder salir del país como refugiados.
-¿Y qué influyó en su esposo, Ángel Moya?
-Fue cadete de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, especializado en tanques y luchó en la guerra de Angola. Pero al regresar en 1991 cambió su vida. Vio algo que chocaba con lo que estaba defendiendo. Y se dedicó a la oposición. Trabajó en una fábrica hasta el 2001 y desde entonces estuvo parado porque no quisieron darle empleo.
-¿Usted milita en algún partido político?
-No. Soy Dama de Blanco. Trabajé veinticinco años como técnico medio en microbiología en un hospital y el pasado septiembre pedí la baja por el hostigamiento de la policía política. Me dedico a mis hijos y a los presos de conciencia.
-El Gobierno las acusa de ser mercenarias de EE.?UU.
-Dicen que nos manda dinero. Pues no es así. Los hombres fueron a prisión por sus ideas. Nosotras lo hacemos para defender a nuestros seres queridos. Igual que las esposas de los Cinco (agentes cubanos presos en EE.?UU.), tienen derecho a hacer campaña por la libertad de sus hombres. Recibimos dinero de exiliados cubanos como Willy Chirino y Arturo Sandoval. Son 37 euros al mes para cada uno de los 200 presos de conciencia.