Los cubanos consultados en la calle muestran su insatisfacción por los resultados logrados por el Gobierno al cumplirse dos años del relevo de su hermano Fidel
01 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Veinticuatro meses después de que Raúl Castro asumiera oficialmente la presidencia de Cuba, se pueden notar en el país algunas transformaciones institucionales. Economistas y autoridades coinciden en que estos cambios no son suficientes y no representan una modificación sustancial del modelo económico cubano. Pero ¿como los perciben los ciudadanos de a pie? ¿Cómo impactan en el bolsillo del trabajador? ¿Cuáles son sus aciertos y dificultades? ¿Qué expectativas se han creado?
Erick Pérez, trabajador de un canal de la televisión cubana, es de los que reconoce los cambios, pero «solo algunos, no los que se esperaban. Yo creía que serían más osados en lo económico, por ejemplo, que se notaría más la descentralización, pero no ha sido así. Se palpa el control central», concluye.
Otros como Alberto Padrón, realizador audiovisual, achacan esa lentitud a «la situación internacional y el bloqueo, que han obstaculizado los intentos de mejorar la vida del cubano. También nos han afectado varios huracanes. Son cambios que llevan su tiempo».
Liberalización del consumo
Entre las transformaciones más visibles, aunque no siempre asequibles, se destaca una mayor liberalización del consumo. Al eliminar prohibiciones para que los residentes cubanos puedan alojarse en los hoteles y tengan acceso a la telefonía móvil, por ejemplo, muchos como Carol Menéndez, una joven especialista en sonido, se vieron beneficiados. «Por mi trabajo necesito estar localizable. Para mí tener un móvil es una necesidad, más que un lujo» dice.
Variadas ofertas turísticas en el verano del 2009 demostraron que un segmento determinado de la población podía acceder a unos días de relax en un hotel, aunque en ocasiones a costa de grandes sacrificios. «Mis padres llevaban años ahorrando para mis 15 años y con ese dinero nos fuimos cuatro días a Varadero», dice Yaima, estudiante de preuniversitario. Otros artículos como ordenadores, lectores de deuvedé, bicicletas con motor, y ollas eléctricas comenzaron a venderse en tiendas.
Pero lo cierto es que para las familias que dependen únicamente de un salario o jubilación estatal, estas posibilidades están vedadas. José Luis, médico alergólogo, lo resume así. «Un día de hotel por persona significa mi salario de dos meses, como mínimo. Una computadora, es casi un año de trabajo».
Poco a poco se han liberalizado también algunos alimentos antes suministrados por la libreta de abastecimiento (cartilla). «Se comenta que van a quitar la libreta, y eso me preocupa, porque saldría todo más caro y la cuenta no da», dice Olga, jubilada. Cambios esperados por muchos, como los relacionados con la compraventa de casas y automóviles, de momento parecen aparcados.
Entrega de tierras
Para estimular la producción agrícola se estableció la entrega en usufructo de tierras ociosas del Estado a privados y cooperativas. Hasta diciembre del 2009 se habían entregado alrededor de 920.000 hectáreas a más de 100.000 beneficiarios, pero a pesar de esto, el sector agrícola se ha mantenido rezagado. «Ha sido bueno -dice Juan Carlos, agricultor-, pero no puedo comprar lo que necesito para trabajar y es muy complicada la venta de los productos, a veces hasta se estropean antes de que los recoja la empresa de acopio y no los puedo vender directamente».
El propio Raúl Castro reconocía en diciembre del 2009 que «se impone liberar en esta esfera, como en todas las demás, a las fuerzas productivas de restricciones para su desarrollo», pero hasta ahora, los cambios realizados no se notan a la hora de poner la mesa.
Otras medidas, como la eliminación del tope para los salarios y la autorización del pluriempleo, han chocado con la resistencia de las empresas a transitar hacia el nuevo sistema. Al parecer, dos factores fundamentales han frenado los efectos de dicha resolución: las trabas burocráticas y la propia crisis económica.
No obstante, algunos como Yaneisy González, programadora de la radio, se han visto beneficiados con estas medidas. «Ahora tengo la posibilidad de hacer dos trabajos y, por tanto, ganar más». Mientras, Rubén Álvarez, albañil, es de los que no se sienta a esperar milagros. «Lo más importante es que tenemos que trabajar y seguro salimos de esta. Aunque sería bueno que se permita más el trabajo por cuenta propia, que se puedan montar negocitos de acuerdo al oficio de cada cual».