Asustados y amenazados es como se sienten los inmigrantes gallegos y sus familias que sufren en Argentina los embates de una delincuencia violenta que aumenta día a día. Algunos han contado sus experiencias a La Voz.
María Currais vive en Lanús, al sur de Buenos Aires, y está casada con un gallego. Sus padres nacieron en Santiago de Compostela. Cuenta que ella es una víctima de la violencia: «Este año me asaltaron en la puerta de casa y tuve que ir al [hospital del] Centro Gallego toda lastimada. Un chico joven me hizo creer que era del correo, entonces yo me acerqué a la reja, y por suerte no la abrí, pero me arrancó la cadena de oro que tenía puesta». Y añade: «La única satisfacción que me quedó es que yo le rompí la camisa y lo golpeé. Pero me empujó contra la reja y me hizo mucho daño en el brazo». Esa no fue la primera vez que la robaban. «Por la calle me agarraron por atrás y me sacaron los aros. Otra vez, en la puerta de casa, asaltaron al cobrador del Centro Gallego, que dejó de enviar cobradores. Es terrible, no hay policía en la calle, no hay nada», se lamenta.
ANA MARÍA VALCARCE
«Uno me tiró del pelo y otro me quitó la cartera»
Ana María Valcarce es nieta de gallegos nacidos en Triacastela (Lugo) y vivió una experiencia desagradable: «A mí me robaron la cartera en julio; dos hombres venían en bicicleta, uno se bajó y me tiró del pelo y el otro me sacó la cartera. No se puede hacer mucho porque en general el delito está asociado a la policía, la policía muchas veces es cómplice. Seguro que hay policías honestos, pero hoy el tejido de corrupción se da entre los políticos, la policía y los delincuentes».
ALEJANDRA MARCOTE
«Los ladrones saben cuándo se cobra la pensión de España»
Alejandra Marcote es secretaria del Centro Gallego de Jubilados y Pensionados de Avellaneda, empleada administrativa del Programa Social y subsecretaria de la Federación de Asociaciones Españolas. Ella también fue víctima de la inseguridad: «Nosotros en el centro tenemos la puerta siempre abierta, pero por la tarde la cerramos porque estamos la trabajadora social y yo solas. Pero un mediodía vino mi padre y, como volvía a salir enseguida, no la cerró. Dos que pasaban en una moto entraron. Tenían un revólver y un cuchillo. Querían la caja de seguridad, pero les explicamos que era un centro de jubilados y que no había. Entonces se llevaron mi teléfono, el de la trabajadora social, la campera [cazadora] que tenía puesta mi padre? y tuvimos la suerte que yo me pude escapar mientras los dos se llevaron a mi papá para la otra oficina. Al salir corriendo, no les quedó otra que irse».
Alejandra Marcote explica que este año también robaron a dos miembros de la comisión directiva del centro. A una, cuando fue a cobrar la pensión de España. «Como la prestación española se paga cada tres meses en el Banco Francés, en una misma época del año, los ladrones ya saben cuándo van a cobrar, conocen a los españoles y a los italianos que van a cobrar pensiones», asegura.
Algunos ciudadanos están alerta hasta dentro de los propios bancos. En ese sentido, Marcote explica que «la tesorera del centro se peleó con la cajera del banco porque esta pidió en voz alta que los que cobraban la pensión de España hicieran una fila aparte. La tesorera le dijo que de esa forma se estaba avisando a un posible ladrón de quiénes cobran. Dicho y hecho: salió a la calle, caminó una cuadra [manzana], y en la esquina la agarraron dos ladrones que iban en moto y le sacaron el pasaporte, otros documentos, el dinero... y la arrastraron como media cuadra porque ella no soltaba la cartera».
MERCEDES NÚÑEZ
«Me robaron más de diez veces, en la calle, en el súper...»
Mercedes Núñez nació en A Coruña hace 73 años y vive en el barrio de Once, en el centro de la ciudad de Buenos Aires. «En la calle me han robado, pero esto no es de ahora, ya hace tiempo atrás me robaron en el colectivo [autobús], en la calle y en el supermercado. Me robaron más de diez veces; en el supermercado solamente a media cuadra [manzana] de mi casa me robaron como seis veces, llegar a la caja, ir a pagar y no tener el dinero», afirma. También sufrió varios asaltos en la calle, aunque nunca le pusieron un arma delante. «Si lo hacen, creo que caigo muerta del susto», asegura. Opina que la diferencia es que «antes no mataban a tanta gente. Ahora tiran a matar, tengan motivo o no».