Considera que los lazos entre ambas potencias son un requisito previo para abordar con éxito los retos globales
28 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«La relación entre EE.?UU. y China moldeará el futuro del siglo XXI». La frase, pronunciada por el presidente Barack Obama en el inicio de un encuentro entre los dos países, que se celebra en Washington durante dos días, resume la importancia que la nueva Administración norteamericana otorga a mantener los lazos de cooperación con el gigante asiático y, si es posible, pretende estrecharlos más.
Tanto EE.?UU. como China necesitan la ayuda del otro porque «lo importante para ganar un partido no es si un jugador es nuevo o viejo. Lo importante es jugar en equipo», dijo el presidente parafraseando al chino más famoso del mundo, el jugador de baloncesto Yao Ming. La idea ilustra la interdependencia entre los dos gigantes, condenados a entenderse para salir de la recesión mundial. Pero también expresa la convicción del inquilino de la Casa Blanca de que los lazos entre EE.?UU. y China son un requisito previo para el progreso ante otros retos globales, como la lucha contra el cambio climático o la contención nuclear.
Obama mencionó cuatro áreas en las que desea avanzar con Pekín. El primer punto, el más urgente, es la recuperación económica mundial. En este sentido, abogó por promover la estabilidad financiera mediante reformas reguladoras y mayor transparencia, el libre comercio justo, la consecución de un acuerdo en la Ronda de Doha y cambiar las instituciones internacionales para que economías en auge como la china puedan desempeñar un papel más importante.
Es evidente que Washington quiere presionar a Pekín para que estimule el consumo doméstico y dependa menos de sus exportaciones. Y que los chinos están preocupados por la depreciación del dólar, ya que poseen más de 800.000 millones en deuda pública estadounidense. Su temor es que que el plan de estímulo de Obama avive la inflación, erosionando el valor del dólar y rebajando con ello el valor de sus títulos.
Parte de la recuperación económica depende también de que ambos países avancen hacia un futuro energético «limpio, seguro y próspero». Las dos economías, dijo Obama, deben reducir su consumo de carbón, unir fuerzas en torno a la investigación y el desarrollo, y forjar una respuesta global ante la Conferencia de Copenhague, de donde debe salir un marco nuevo sobre el cambio climático.
En el plano diplomático, hizo especial hincapié en la necesidad de que Washington y Pekín luchen contra la proliferación nuclear, motivo por el cual pidió a China que siga trabajando para la desnuclearización de Corea del Norte y evitar que Irán adquiera el arma nuclear. El último aspecto estratégico que requiere mayor colaboración con Pekín es el de la lucha contra las amenazas transnacionales, como el extremismo, los narcotraficantes, los piratas y las enfermedades que traspasan fronteras, indicó Obama.
Con todo, Obama dijo ser consciente de que los dos países no siempre coincidirán en todos los aspectos o en su visión del mundo. Por ello, tanto él como Clinton, que lidera las negociaciones por parte norteamericana junto al secretario del Tesoro Timothy Geithner, no dudaron en mencionar las discrepancias entre los dos países sobre los derechos humanos.
«La religión y la cultura de todas las persones deben ser respetadas y protegidas y todas las personas deben ser libres de expresar sus pensamientos. Eso incluye las minorías étnicas y otras en China, al igual que las incluye en EE.?UU.», señaló Obama.
Que Pekín otorga una extraordinaria importancia al encuentro lo prueba la delegación de 150 personas que envió, al frente de la cual figura el consejero de Estado, Dai Bingguo, y el viceprimer ministro, Wang Qishan. En palabras del primero, ambos países están «en el mismo barco, que ha sido golpeado por un viento feroz y grandes olas».