L'Aquila no espera nada del G-8

Françoise Michel

INTERNACIONAL

Afectados por el seísmo se quejan de que han reconstruido viales para los grandes del mundo, pero no sus casas

09 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Agobiados por el calor y la desazón, la gente de los campamentos de la devastada L'Aquila no espera nada de la cumbre del G-8 y se pregunta si algún día volverán a tener un hogar, tres meses después del seísmo que devastó esta ciudad del centro de Italia, mató a unas 300 personas y dejó sin techo a unas 50.000, de las que 34.000 viven aún en los campamentos.

«La carretera por donde van a pasar los grandes del mundo la recontruyeron. A nosotros, en cambio, nos dicen que tal vez en septiembre u octubre podremos volver a nuestras casas. Aún tienen que determinar si pueden ser habitadas y a mediados de agosto ya empieza el frío», confiesa Martina, una profesora de 36 años.

La amargura y el remordimiento siguen reinando en buena parte de los habitantes del campamento, donde unas 150 personas viven en tiendas de campaña.

El calor sofocante bajo la carpa obliga a buscar un poco de fresco bajo una cobertura instalada entre los árboles, no muy lejos de los baños y las lavadoras de ropa. «La temperatura llega a 40 grados. Los niños no se pueden quedar, sería como encerrarlos en un horno. Se van, se pierden dentrod el campamento, no aguantan», asegura.

Falta de intimidad

Después de tres meses, siente «dificultades en el equilibrio de la familia» y reconoce que le «falta intimidad» con su esposo. «Es duro vestirte por las mañanas delante de otras personas, aunque sean de tu familia», dice Francesca, de 60 años. Y es que en alguna carpa hasta habitan miembros de tres familias.

«Cuando el Gobierno anunció que se trasladaba el G-8 de Cerdeña a L'Aquila en señal de solidaridad, pensamos que sería algo bueno. Es verdad que algunas carreteras fueron reconstruidas, así como el aeropuerto. ¡Pero aquí nadie ha venido a visitarnos. Debe ser que no somos telegénicos y no tenemos patrocinadores!», comenta Martina bromeando. Una alusión al hecho de que monumentos, iglesias o fortalezas históricas han encontrado en líderes del G-8 a un patrocinador para su reconstrucción.

Vittorio Persichetti, ex bombero, reconoce que «el futuro para nosotros es un punto de interrogación». «El G-8 nos aportará nada de nada», sentencia.

Entre algunos damnificados, el jefe de Gobierno, Silvio Berlusconi, quien propuso el traslado de la cumbre de la isla de Cerdeña a L'Aquila, no goza de tanta popularidad. «No le perdono sus chistes en medio del drama», confiesa al recordar cuando les propuso que se tomaran el campamento de siniestrados como unas «vacaciones en un cámping».

Berlusconi acompañó ayer a Angela Merkel y a Barack Obama, a visitar la devastada ciudad de Onna. Con el cartel «Yes we camp» (sí, acampamos), personas sin vivienda llamaron la atención para expresar que las tareas de reconstrucción están resultando demasiado lentas.