David Cameron lo está haciendo muy bien. Ahí está la última campaña de márketing de su partido, en la que aparece un bebé nacido con una deuda de unos 17.000 euros, cifra que se obtiene tras dividir la deuda pública entre todos los británicos. El cartel dice: tiene la nariz de papá, los ojos de mamá y la deuda de Gordon Brown.
Los tories sabían que los británicos estaban optimistas antes de Navidad pero que la vuelta al curso político en enero llevaría un pesimismo del que tenían que echar mano para torpedear al submarino Gordon. Pero, ¿tiene algún plan secreto Cameron para sacar al país de la situación en la que se encuentra?
Bajo el epígrafe de «modernización» los tories lo que pregonan es una reconciliación con los valores económicos del thatcherismo, por ejemplo subida de los impuestos, respaldo a los empresarios, castración de los sindicatos y una muy limitada intervención del Estado en la economía, en definitiva, un verdadero capitalismo popular.
La sensación dominante es que las próximas generales, que como máximo deberán celebrarse en 16 meses, serán ganadas por los conservadores. Tal es la certeza que un alto cargo tory indicaba hace días que el regreso conservador a Downing Street «será un momento de lágrimas, sangre, sudor? vamos a heredar una casa de los horrores», en referencia a la enorme deuda pública en la que se está hundiendo el Tesoro británico. Si el Nuevo Laborismo ha muerto, ese día será su funeral.
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