La elección entre Ségolène Royal y Martine Aubry escinde al socialismo galo en dos bandos difíciles de reconciliar
22 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.El socialismo francés se renueva por el mero hecho de elegir a una mujer como máximo dirigente. La nueva secretaria general será la voz de la izquierda en su oposición a Nicolas Sarkozy, pero su primera y más difícil tarea será conseguir la unidad de un partido profundamente herido en una lucha fratricida.
Han tenido que pasar quince años para consumar la paridad instaurada por Michel Rocard en una estructura que siempre ha contado con más hombres que mujeres en la cúpula y que nunca llegó a cumplir con la igualdad en las listas electorales. No es la revolución de Obama, pero ya supone un primer signo de cara a la construcción de ese socialismo del siglo XXI al que en la sede de la calle Solferino llegan con ocho años de retraso, perdidos en sus propias guerras personales.
La eliminación de Lionel Jospin en la primera vuelta de las presidenciales del 2002 y su precipitado anuncio de abandono de la política dejaron un partido huérfano e incrédulo ante la realidad de las urnas. Pero Jospin nunca se fue del todo ni dejó de contagiar su profunda amargura a sus compañeros.
La última prueba se vio ayer mismo. Tras revelar que había votado por Martine Aubry, estableció un paralelismo entre los propósitos de «neosocialismo» de Royal y la corriente que en los años treinta acabó pactando con los nazis. Los partidarios de la ex candidata a las presidenciales se lo han tomado como «una ignominia».
El partido a la americana que promete Ségolène Royal suscita los máximos recelos y no solo entre los viejos elefantes que han apoyado abiertamente a la alcaldesa de Lille. Convincente, determinada, competente, Aubry representa a la izquierda clásica que quiere a los militantes implicados y dedicados a un compromiso político.
Son enemigas íntimas desde hace muchos años. Se detestan desde que coincidieron por primera vez en el Gobierno de Pierre Bérégovoy y aumentaron sus diferencias a las órdenes de Jospin. Las unen la edad (55 y 58 años), sus estudios de ciencias políticas, su militancia socialista y un carácter autoritario que ambas comparten. Se alejan en cambio en el discurso y en el método: Royal considera caduca la socialdemocracia y se abre al centro; Aubry mantiene la línea del socialismo más clásico.
Será difícil que se entiendan y que se sienten juntas en una misma ejecutiva. La nueva secretaria general se puede encontrar con un partido ingobernable.