Un Gobierno que militariza todos sus problemas

Miguel A. Murado

INTERNACIONAL

25 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Al tratar en el mismo Consejo de Ministros el asunto de la inmigración y el de la basura napolitana, Berlusconi ha creado un inquietante paralelo. Este se resume en la palabra rifiuto , que en italiano quiere decir tanto rechazo como desecho.

Así, mientras se institucionalizaba el rechazo a los inmigrantes, se decretaba la eliminación de los desechos de Nápoles, como si ambas operaciones fuesen similares. Y así es en al menos tres sentidos: son populistas, de eficacia dudosa y se presentan con un abundante uso de la fuerza. La política de inmigración ha suscitado polémica, pero la basura de Nápoles no tiene vuelta de hoja. El Gobierno tenía que hacer algo con las 3.000 toneladas de porquería que inundan la ciudad.

Y desde luego, las medidas tomadas no pueden ser más radicales: los puntos designados para la descarga de basuras han sido declarados zonas militares, se ha movilizado al Ejército y amenazado con leyes de excepción a quienes se opongan, con penas de hasta cinco años de cárcel. Que era una emergencia estaba claro, pero se entendía que de salud pública. Berlusconi ha preferido convertirla en emergencia militar. Y quizá acabe siéndolo, porque esos basureros militarizados caen en zonas muy pobladas. Hasta el Vaticano mostraba ayer su preocupación por la salud de los que viven cerca de los futuros basureros, algunos próximos a hospitales o escuelas.

Pero como escribía ayer Giuseppe D'Avanzo en La Repubblica , el nuevo Gobierno no cree en las leyes, sino en las decisiones: ha militarizado la lucha contra la inmigración clandestina, ha militarizado la recogida de basura. Quizás hasta el Ejército, descontento con un papel que no le corresponde, podría acabar siendo militarizado?

La pesadilla de Nápoles era tal que Silvio Berlusconi se beneficiará, en todo caso, de un cierto consenso. Por desgracia, lo que no parece que vaya a hacer es enfrentarse al fondo de la cuestión, que no es otro que el de la corrupción que parasita la sociedad italiana (en el caso de Nápoles, la Camorra), y que está en la raíz de un problema del que la basura no es más que su forma visible y, desde luego, harto simbólica.