Economía de sistemas

Camilo Franco

INTERNACIONAL

Entre el mercado artesanal y la antigua Audiencia española está el cuartel de la policía especial de Habana Vieja. Es un antiguo baluarte colonial que separa dos maneras de comercio.

El mercado artesanal vende baratijas para turistas, cobran con pesos convertibles y, en cierto modo, gozan de una posición privilegiada. Sobre las gorras del Che y las pulseras de coral, un vendedor explica a su compañero de tenderete cómo es el sistema electoral cubano. Parece difícil porque hay que entender el sistema de propuestas, y mientras la formulación del sistema cubano se extiende los turistas compran guayaberas.

En un lado hay un anciano que se ofrece a cantar por un peso de los buenos. Inicia el tema, pero cuando se le pregunta qué va a pasar hoy, el viejo asegura que volverá a cantar.

Al otro lado del mercado, en la misma línea del malecón, está la antigua Audiencia. Es una mansión colonial con un patio envidiable que reparte en los bajos y en el primer piso algunas tiendas: discos, ropa, una peluquería con nombre francés. Es, mayormente, para turistas.

En la parte baja, venden fotos de la época de Sierra Maestra. Proceden del archivo de Korda y destaca una en la que Fidel cargado con la impedimenta mochilera, pistola, fusil y machete encabeza una columna que remonta la montaña. Se le ve joven, en pleno esfuerzo caminante, pero hay algo de teatral en su gesto de sacrificio.

Un sueco va pasando fotos del Che hasta llegar a esta en la que Fidel guía a la tropa monte arriba. Le dice al dependiente en castellano medio que «este hombre está mayor» y él le responde: «Ha tenido que gastarse mucho para llegar hasta aquí». No compra la foto.

La policía gasta el tiempo en limpiar el parque móvil sobre el barullo del mercado.

El calor arrastra a los visitantes bajo los toldos, mientras el mismo vendedor de antes sigue en las explicaciones del sistema cubano que hoy escoge su cabeza visible. Se inclina algo por Raúl Castro, pero al llevarle la contraria diciendo que quizá el sistema electoral sea ligeramente cerrado, el hombre que mira hacia el baluarte responde: «Pero el nuestro es muchísimo más barato».