Los olvidados del 11 de septiembre

INTERNACIONAL

William Rodríguez, superviviente de las Torres Gemelas, denuncia en A Coruña que en las listas del Gobierno de EE. UU. no figuran 106 hispanos muertos en el atentado

24 nov 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

La vida cambió para William Rodríguez después de los atentados del 11-S. Fue la última persona que salió con vida de la torre norte, cuando el edificio se derrumbaba tras el impacto de uno de los aviones secuestrados por terroristas de Al Qaida en Nueva York.

Las estadísticas oficiales del Gobierno norteamericano cifran en 3.073 el número de personas muertas en el atentado. Son los censados, los identificados, los legales. Rodríguez, quien desde la catástrofe preside la Asociación de Víctimas Hispánicas del 11-S, estima que al menos hay 106 personas de origen latinoamericano que no figuran en esas estadísticas, sin contar las de otras nacionalidades. «El recuento gubernamental es una mentira, porque no se tomó en cuenta la gente indocumentada e inmigrante que trabajaba allí. Su existencia no fue validada. Por ello, los 2.700 millones de dólares que se recolectaron no fueron distribuidos correctamente. Muchas familias desaparecieron de las listas oficiales en términos contables». También se mostró muy crítico con la política norteamericana en Irak.

La llave de la esperanza

William Rodríguez viajó a Galicia y estuvo en A Coruña invitado por Asociación Gallega de la Empresa Familiar. En este foro contó su experiencia en la trágica jornada que vivió en el 2001. Estaba encargado de la limpieza del edificio. Era el barrendero que adecentaba las escaleras de un inmueble con más de 100 pisos. Rodríguez tenía en su bolsillo una de las cinco llaves maestras que abrían todas las puertas del complejo. «Las primeras cuatro estaban en posesión de los operadores de la autoridad de puerto, entrenados en rescate y primeros auxilios, y fueron las primeras personas en correr fuera del edificio», explica. Recibió la quinta llave, la que posteriormente se bautizó como la de la esperanza, porque ganó una demanda laboral. «Jamás esperamos que resultase tan crucial y estará en el museo nacional que se va a hacer en la zona cero».

Este norteamericano de origen puertorriqueño viaja con ella a todos los países que recorre contando su experiencia en la tragedia. Ayer la enseñaba en A Coruña. «El 11 de septiembre ha sido el elemento catalítico que ha cambiado la historia en el nuevo milenio», y él fue protagonista. Ese día llegó tarde a su trabajo y eso lo salvó. «Yo siempre empezaba limpiando en el Windows of the Word, un restaurante situado en el último piso, en donde me daban de desayunar gratis. Siempre estaba a tiempo, pero ese día no». Todos sus compañeros, 67 en total, se encontraban allí cuando se produjo el impacto y no pudieron escapar. «Una de las razones por las que yo estaba motivado era, precisamente, por la de intentar rescatar a mis amigos y abrí cada puerta para que la gente escapara. Era porque yo quería llegar allí y desgraciadamente nunca puede ayudarlos». Sí lo pudieron contar otras quince personas que le deben la vida gracias a su valor.

William Rodríguez cuenta con título de héroe nacional de Estados Unidos. «No es un reconocimiento adecuado para mí, por el sencillo hecho de que yo no pude salvar a mis amigos. Aunque haya ayudado a otros, aún siento la culpabilidad del superviviente. Yo estoy aquí y ellos no».

Rodríguez apareció entre los escombros. Logró esconderse debajo de un vehículo de los bomberos neoyorquinos. Fue lo único que vio cuando cayeron las torres. Cuatro horas atrapado y se produjo el rescate. Se convirtió en un personaje mediático. Su imagen era recurrente en todas las televisiones del mundo. «El choque postraumático fue muy fuerte y tardé mucho en recuperarme», asegura.

Gestionar el miedo

William Rodríguez ofreció en A Coruña una conferencia sobre liderazgo. De las emociones vividas en una catástrofe de la magnitud de la de las Torres Gemelas se pueden sacar conclusiones: «Cómo gestionar el miedo en una situación de desastre. Tienes que superar esa barrera».

Hay más reflexiones que explica Rodríguez: «Cómo yo, sin tener ningún tipo de entrenamiento ni conocimiento, solo con una llave maestra estaba gritándole a los bomberos para que me siguieran. Lo hicieron porque conocía el edificio mejor que ellos y subía las escaleras en las que trabajaba todos los días. Me convertí en un referente que los motivaba».