La puerta este de la bahía: el camino de los disidentes políticos cubanos para pedir asilo

La Voz

INTERNACIONAL

08 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Considerada la única entrada a Cuba, la puerta este de Guantánamo Bay es utilizada por cientos de disidentes para pedir asilo político. La mayoría son devueltos a su país, otros se quedan atrapados en tierra de nadie.

Contemplar esta puerta es retroceder en el tiempo hasta los años cincuenta. Considerada la única entrada a Cuba desde la base norteamericana, apenas unos metros separan una bandera estadounidense de un enorme cartel en el que se lee: «República de Cuba. Territorio libre de América».

Un duelo de simbolismos que comenzaba con la revolución cubana, tras la plantación de miles de minas en ambos lados con el objetivo de impedir un éxodo masivo de disidentes. «Aquí todavía quedan seis que no encontraron cuando las quitaron», nos advierte medio en broma el soldado puertorriqueño encargado de mostrar este residuo de la guerra fría. La visita ha tenido que ser retrasada: «Hemos tenido que devolver a un ciudadano cubano».

En tierra de nadie

Es una historia común. Aunque cientos de disidentes tratan de pedir asilo político al otro lado de la línea, muy pocos consiguen permanecer en la base. «Hay excepciones. Tenemos tres trabajadores que siguen cruzando la puerta gracias a un acuerdo que firmó Fidel y que permitía a los empleados previos a la revolución mantener su empleo hasta su jubilación. También tenemos 55 cubanos con estatus especial». El eufemismo significa que estos no pueden ni regresar a Cuba ni entrar en Estados Unidos.

Eduardo es uno de los que desde hace meses vive en tierra de nadie. Tras lograr pasar al otro lado, ahora cuenta sus días para salir de una base que no le gusta. «Yo quería salir de Cuba, no quedarme aquí trabajando». Pero sus opciones son limitadas: a pesar de tener familia en Miami deberá viajar primero a un país del Caribe. «A ver si me dan la nacionalidad». No todos los que están en su misma situación optan por esta opción. Con trabajo fijo y casa gratis, muchas de las familias atrapadas se adaptan con facilidad a la vida de la base. «Aquí tienen de todo y están acostumbrados al clima y al paisaje», asegura el jefe de la base, Marc Leavy. «Además, aquí tienen libertad».