Vecinos de Ribeira de Piquín, en lucha contra el fuego más de 12 horas
25 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.La misa dominical de la parroquia de Santalla, en el municipio de Ribeira de Piquín, tuvo una prolongación bastante alejada del mensaje final que dice a los fieles que pueden irse en paz. Poco después del final del oficio litúrgico, cerca de las doce del mediodía, algunos que habían estado en la iglesia tuvieron que empezar a luchar contra un fuego que se extendió por esa parroquia y por la de Vaos.
A Armando Mourisco, que había oído misa, le preguntaron si tenía teléfono móvil. Como su respuesta fue afirmativa, llamó al 112 para alertar de lo que ocurría. «Víanse dous focos, separados 150 metros aproximadamente un do outro», dijo ayer, al lado de una de las carreteras por las que había pasado la víspera y a cuyos lados se veían las consecuencias del fuego.
Casi 24 horas después de observar cómo las llamas empezaban a moverse por los montes cercanos, explicó que lo primero que hizo el domingo fue informar del fuego a vecinos de Piquín «porque lles viña enriba o lume e non o vían». Luego fue a su casa, situada en el barrio de Cabaceira, y se puso a apagar algo, aunque pronto vio que al fuego no le faltaba rapidez para ir de un lado a otro. «Pasou polo aire. O lume corría máis ca o coche», declaró ayer.
El fuego se propagó con rapidez en unas horas de fuerte viento, y enseguida, además de visible, se dejó oír: «Metía medo o ruído que facía», aseguró. El miedo comenzó a disminuir unhas 12 horas después de ver las primeras llamas, con una lluvia que cayó con fuerza hacia medianoche. Antes, al perder intensidad el viento que había favorecido la expansión del fuego, aún hubo otro momento de preocupación, ya que el fuego retrocedía y quemaba de nuevo zonas por las que ya había pasado.
«Moitas casas peligran»
Manuel Díaz, que también estaba en la misa de Santalla, manifestó ayer que había empezado a ver el fuego en el fondo de un prado y que pronto se había comprobado la dificultad de la extinción «co moito que había». Para este vecino, anteayer se sufrió uno de los incendios más graves de los últimos años, tanto por los riesgos que supone como por sus consecuencias: «Ao haber lume, moitas casas peligran», afirmó.
En Vilarpescozo, barrio de cuatro viviendas, el mayor apuro por el viento se vivió entre las doce del mediodía y las cinco de la tarde. Así lo relató ayer una vecina, Berta Luna, que vio cómo se acercaba a las viviendas, algunas deshabitadas. Una hija suya, que pasaba el fin de semana con sus hijos en su lugar de origen, se volvió a A Fonsagrada, donde vive, antes de lo previsto, para que los pequeños no estuviesen cerca del fuego. «Non te defendes do lume», decía ayer.