Sigue habiendo trapicheos e intercambios sexuales a la vista del público
12 oct 2011 . Actualizado a las 06:00 h.El lunes de San Froilán a media mañana, María (nombre ficticio) entró en la estación de autobuses de Lugo. Pasaba por la zona y aprovechó la oportunidad para consultar los horarios de los Alsa a Madrid. Sin embargo, el panorama que se encontró al llegar a la terminal estuvo a punto de hacerle dar media vuelta. Atravesó la puerta que hay junto a la parada de taxis de la Praza da Constitución flanqueada por un hombre de unos setenta años, mirada turbia, ropa antigua y desgastada, que no le quitó la vista de encima hasta que accedió a la dársena.
A unos metros de él estaba sentada una mujer de mediana edad que vestía pantalones y blusa ajustados. Labios muy pintados y pelo mal teñido. Sin maletas, sin equipaje..., parecía estar esperando un cliente. Dentro de la estación, en las inmediaciones de los baños, un joven de unos veinte años que parecía marroquí también esperaba. Con las manos en los bolsillos y cara de preocupación. ¿A qué? ¿A quién? Junto al chaval, un anciano con boina y bastón que se manejaba bien también observaba algo o a alguien.
El lunes María vio en directo a algunos de los personajes que pueblan la estación de buses a diario aunque rara vez se suben a un autocar. Cuando dejó atrás la terminal, respiró aliviada. Usuarios y visitantes llevan mucho tiempo denunciando la lamentable imagen que ofrece la estación de buses de Lugo a los viajeros, pero nadie -ni la empresa que gestiona la dársena, ni el Concello de Lugo, ni la policía- toma cartas en el asunto. Así que, un San Froilán más, centenares de personas que llegaron por carretera a la ciudad bimilenaria se llevaron una impresión desagradable.
en directo el recibimiento que da lugo a los viajeros que llegan en autocar