Los 150 menores que cursan Educación Infantil y Primaria en el Quiroga Ballesteros son los únicos escolares de colegios públicos de la capital -y de los pocos de Galicia- que un curso más no podrán quedarse a comer en el centro porque todavía no tienen comedor por falta de espacio. Padres de escolares critican que la Xunta, la Administración responsable en Educación, no busca soluciones al problema de espacio, que no solo impide habilitar un comedor, sino que tampoco permite instalar ordenadores u otros recursos necesarios.
Padres de escolares del colegio lamentan estos días que vaya a comenzar otro curso sin que se haya buscado una solución convincente, práctica y, sobre todo, con perspectivas de poder realizarse a corto plazo. En los últimos años se barajaron opciones tan variadas y poco factibles como emplear un espacio del cuartel de San Fernando o de otro edificio público del entorno del colegio para que, mediante un servicio de cátering, los niños pudieran comer allí a mediodía; o, también, habilitar el sótano del edificio como comedor escolar.
La opción de trasladar a los menores cada día varias veces se descartó, en parte por motivos de seguridad y, sobre todo, porque en el proyecto de Museo de la Romanización para el cuartel de San Fernando no hay opción de dejar una sala multiusos para que pudiera utilizarse con este cometido. La posible remodelación del sótano fue una propuesta del Concello y del equipo directivo, pero en el último año no ha habido ningún avance al respecto.
La concejala de Educación, Dolores Vieiro, explicó que en este curso retomarán esta cuestión para ver si es factible o no. El principal problema es que al ser un edificio histórico no se puede levantar ni transformar. Hasta ahora, el Quiroga Ballesteros compartía con el Luis Pimentel la falta de este servicio, pero el colegio de A Piringalla estrenará el 13 de octubre el comedor, ubicado en un espacio que, a pesar de haberse proyectado para esta finalidad, se utilizó como gimnasio hasta el curso pasado. En este caso, la Xunta ha asumido los gastos de mobiliario, y el Concello la gestión mediante el programa «Unha escola aberta».
Sin informática
Otra de las cosas que critican padres de alumnos del Quiroga Ballesteros es que la falta de sitio impide que los niños trabajen con los mismos materiales que en otros colegios públicos. Ponen como ejemplo el uso de ordenadores ya que, aunque la informática no es asignatura curricular en Primaria, cada vez son más los colegios que emplean las nuevas tecnologías en la enseñanza de asignaturas tradicionales, pero denuncian que en este colegio no se puede.
La falta de espacio no permite que el centro tenga un aula de informática con varios equipos para que los escolares puedan rotarse. De hecho, fuentes oficiales declararon a este periódico que solo disponen de un ordenador para los 150 escolares, lo cual condiciona que solo unos pocos puedan manejarlo en cada curso. La estrechez física también impidió que el colegio pudiera instalar una pantalla digital, según afirmaron fuentes del equipo directivo, por lo que la tuvieron empaquetada.
El Concello considera que la solución a la falta de espacio en este edificio histórico debe tomarla la Xunta y esta, por el momento, no ha dado ningún paso en este sentido.