La cara de la justicia

María Campo

LUGO

La jueza encargada de instruir la operación Carioca ya es famosa. Le ha caído en las manos un tema feo y escabroso. Bochornoso, incluso. Una trama que afecta a personas concretas y, más allá de ellas, a la imagen de instituciones depositarias de la confianza del pueblo. La implicación en este asunto de miembros de organismos de los que nos valemos para fundamentar nuestra libertad y seguridad hace que nos juguemos mucho en el desenlace. El entramado que mueve a la administración de justicia trasciende la individualidad. Sin embargo, le hemos puesto cara a la ansiada verdad. Las aspiraciones de toda una sociedad deseosa de clarificar lo ocurrido y exigir responsabilidades, recaen, en parte, sobre los hombros de una mujer. No sé cómo es Pilar Lara Cifuentes. Cuentan de ella que tiene gran capacidad de aguante y de sacrificio. Educada, tremendamente discreta y muy reservada. Dicen que está haciendo una gran labor, preocupándose, además, por escuchar y ver el lado humano que se esconde tras los fríos procedimientos. Algo que no suele suceder. Más allá de lo que se comenta desconozco cómo se siente en esta labor. Si realmente soporta presiones y vive preocupada. Si le están poniendo trabas o si tiene en quién confiar. Me importa que pueda estar cansada, desmoralizada o agobiada. Me afecta que pueda sufrir coacciones y amenazas. Me preocupa que la venda sobre los ojos no sea una actitud garante de la igualdad sino que le venga impuesta de fuera, por intereses particulares, sinuosos y ruines.

Deseo sinceramente que esta jueza tenga fuerzas para nivelar la balanza, de ella, y de otros como ella, depende lograr el frágil equilibrio en el que se sustenta el sistema. Si la que vence es la justicia, en el fondo, ganando todos.