Hosteleros de la provincia destacan que ahora un buen número de lucenses declinan invitaciones para evitar un gasto excesivo
Ser invitado a una boda suele ser sinónimo de alegría y de fiesta, pero también de muchos gastos. Acciones como comprar ropa y calzado, ir a la peluquería o dar el regalo a la pareja que se casa salen por un buen pico, y como consecuencia de la crisis económica un buen número de lucenses están optando por declinar invitaciones que les hacen. Lo cuentan propietarios y responsables de varios negocios hosteleros de la provincia que organizan banquetes y que señalan que en los últimos dos años la cifra media de asistentes al ágape posterior a las ceremonias se ha reducido en torno a un 30%. «Os noivos seguen invitando a moita xente, pero á hora da verdade van moitos menos ca antes», comenta un veterano hostelero lucense.
Hoy en día, explica, las bodas que superan los 200 comensales son una excepción, y lo habitual es que en los salones se junten alrededor de 120 personas, e incluso bastantes menos. En este sentido, un profesional mencionó el caso de un reciente banquete de bodas que había sido programado inicialmente para 120 convidados y en el que al final solo se reunieron 68.
Buena calidad en los menús
El número de invitados ha bajado considerablemente, pero no así la calidad de los menús que ofertan los restaurantes ni de los platos que solicitan los novios para agasajar a sus convidados. «Todo aforro é necesario, e redúcense gastos por todas partes: nos obsequios que se entregan despois da comida, na roupa..., pero a calidade do prato mantense, niso non se regatea [...] Uns van algo mellor e outros algo menos, pero a media segue sendo moi boa», completó el propietario de otro negocio.
Con este panorama, el gasto medio por cubierto se sitúa entre los 120 y los 130 euros, aunque siempre hay excepciones hacia arriba -hasta 150 euros- y hacia abajo -alrededor de 100-.
Distintos establecimientos apuntan que su margen de beneficio ha bajado mucho. «Donde antes ganábamos 10, ahora ganamos 4, y el objetivo es mantenernos», apuntan. De esta manera, aunque el número de asistentes a los que hay que servir y atender sea bastante menor que antes, los salones de banquetes tienen que seguir afrontando unos gastos fijos elevados, de instalaciones, mantenimiento y personal, entre otros.
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