La Xunta a través de sus sucesivos gobiernos intentó poner en marcha mecanismos para controlar que los funcionarios cumplan las treinta y seis horas y media de la jornada laboral que tienen establecida. Uno de los casos más sonados fue el de noviembre del año 2004, después de que un trabajador del edificio multiusos hiciera llegar al entonces presidente de la Xunta, Manuel Fraga, un escrito en el que explicaba con detalle los abusos de algunos de sus compañeros.
La carta, en la que, al parecer, le comunicaban al ex presidente de la Xunta, entre otros excesos, que había trabajadores que fichaban a primera hora y se marchaban para volver después a hacerlo a la salida, hizo que se tomaran medidas. Las máquinas recogen información, pero no todos los movimientos de entrada y salida del edificio.
Sin embargo, ni las iniciativas correctoras de Fraga ni las de su sucesor Pérez Touriño consiguieron su objetivo, a juzgar por este nuevo recordatorio de los horarios y del tiempo establecido para el café. Los funcionarios que cumplen siguieron haciéndolo y los otros, una vez pasada la marejada, recuperaron sus prácticas.
A raíz de la distribución del escrito con las instrucciones, en algunos círculos del edificio administrativo se comentaba que era positivo establecer un control para frenar algunos desmanes, pero no solo de los funcionarios, sino también de los cargos.
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