Carlos Álvarez es el párroco de Vilaxuste y de otras dos parroquias de los alrededores y reconoce que se llevó un buen disgusto cuando el empresario le comunicó que no había cobrado los bancos y que podría llevárselos. «Fue un trago realmente desagradable para un hombre de paz como me considero yo, pero entiendo que este industrial reclame lo suyo».
El párroco no entiende como después de más de año y medio no se hizo efectivo el pago de la veintena de bancos. «Me extrañó mucho cuando me enteré que estaban sin pagar, ya que pensé que estaban abonados hacía mucho tiempo. Supuse que concejal y alcaldesa tenían más que solucionado el tema. Ahora lo que no es de recibo es que mezclen a la iglesia, la asociación de vecinos y la parroquia en el embrollo», manifestó Carlos Álvarez.
El sacerdote confía en que el problema se solucione de inmediato. Lo que tiene claro es que el balance de las cuentas de las tres parroquias que gestiona no le alcanza para asumir el importe de los 5.800 euros de la factura.