La xermadina Manuela Carballo Solmo cumple hoy 108 años, vividos siempre en el municipio donde nació y donde reside
| Manuela Carballo Solmo está sentada junto a la cocina de su casa, situada en el barrio de Portosilva, mientras Esperanza, la mayor de los cinco hijos que tuvo y la que vive con ella, se mueve de un lado para otro con los preparativos de la comida.
Con 107 años cumplidos, que hoy se convierten en 108, esta mujer cuya lucidez es directamente proporcional a su longevidad, la vida de Manuela Carballo transcurre en una casa que apenas dista unas decenas de metros de la que la vio nacer. Fue la menor de cuatro hermanos y la única que aún vive. Los otros tres -Jesús, Asunción y José- ya fallecieron.
Los varones murieron en España, pero tras haber conocido la emigración a Cuba. Manuela no cruzó el charco, y desde el banco de la madera mueve un poco el cuerpo, como señalando unos terrenos cercanos a su casa, situada junto a la carretera LU-170. «A América miña foi ir cavar ao monte e ir coas vacas», dice.
Aunque vive donde nació y donde ha pasado su vida, hubo años en los que sus actividades cotidianas, fuesen de ocio o menos relacionadas con el descanso, la llevaban a otras parroquias. Conoció las épocas en las que fiadas y tascas servían de punto de encuentro nocturno y permitían algo de diversión al tiempo que se trabajaba el lino. Ella recuerda que se cantaba y se bailaba, sin negar la variedad de ritmos a cuyo son se movían unos y otros: «A jota, o que se sabía...», dice a modo de recuerdo de las músicas que formaban la banda sonora.
Pero no solo esas reuniones y las fiestas, en las que practicaba una afición al baile que recuerda con ilusión, eran la razón que la llevaba a otros lugares. Por un lado, con el médico Enrique Ruiz, que estuvo destinado en Vilalba, aprendió a poner inyecciones. Por otro, ejerció de comadrona en tiempos en los que cada casa se llegaba a convertir en una clínica de maternidad para la familia que la habitaba. «Teño moitos nenos que axudei a traer ao mundo».
Pago en pan o patatas
Hasta Labrada, parroquia perteneciente al vecino municipio de Guitiriz, llegó en el ejercicio de ese trabajo. No había Seguridad Social, ni tampoco sueldos o dietas por esa labor. Algo de pan o unas patatas, como recuerda su hija Esperanza, representaban la gratificación económica. La personal, como recalca la hija tras oír a su madre, aún sigue muy presente.
Haya o no secretos que permitan rebasar ampliamente el siglo de vida, quizá los expertos en nutrición y en inteligencia emocional deberían tener en cuenta algunas cuestiones. La dieta de Manuela Carballo es más o menos variada, pero hay ingredientes más presentes que otros.
La carne está casi siempre presente en el menú del mediodía, y a veces, esporádicamente, también en la cena. La carne que más le gusta, como afirma su hija, es la de cerdo. «A mellor», remacha ella. Incluso, para que no quepan dudas, había estado presente en la cena de anteayer, miércoles.
Zumos e infusiones
Zumos y manzanilla son bebidas frecuentes de una mujer que no toma vino en las comidas pero que confiesa su abierta predilección por el café y que incluso duda de la capacidad de esa infusión para robarle horas de sueño o de descanso. Por otro lado, pan con queso o pan con chocolate suelen protagonizar las cenas de esta mujer, que ahora, mientras disfruta de una larga y apacible vejez, recuerda que los tiempos pasados no fueron como los actuales. «Tamén traballei», asegura.
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