Un plan sin repercusión en el currículo pero bien aceptado

La Voz

LUGO

04 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Estos alumnos cursan la ESO, único nivel que se ofrece en un centro en el que no hay bachillerato ni ciclos; pero al mismo tiempo, quizá sin saberlo, están asociados con otras siglas. Son las conocidas como CLIL (Content and Language Learning), que designa este sistema en el que se usa un idioma extranjero para impartir una asignatura no lingüística.

Para los alumnos, por un lado, la experiencia puede ser enriquecedora porque les da más soltura en el manejo de otro idioma; por otro lado, en cambio, no tiene repercusiones en su expediente escolar.

Para los profesores, en cambio, sí hay alguna en cierto modo, aunque no de índole económica. Cada curso impartido dentro de ese programa supone la obtención de un certificado que acredita haber destinado 50 horas a innovación educativa.

Un profesor que desee poner en marcha este sistema debe demostrar a la Consellería de Educación su dominio del idioma en el que va a impartir las clases. Poseer el diploma de la Escola de Idiomas permite pasar ese trámite, mientras que los que carezcan de un certificado oficial deben pasar un examen para mostrar su conocimiento lingüístico. Antes, en cualquiera de los dos casos, tienen que recibir el visto bueno del claustro del centro. Diez alumnos por aula es el número mínimo exigido para poder iniciar este sistema.

Ya con varios años de experiencia, Hermida afirma que alrededor del 60% de los alumnos de los cursos en los que se puede elegir deciden apuntarse al programa Secciones Bilingües, lo que viene a equivaler al éxito de la medida.

Decisión voluntaria

El hecho de que las asignaturas no sean lingüísticas ayuda, dice, a que el aprendizaje de los idiomas se vea sobre todo desde una perspectiva práctica y bien recibida por los alumnos. «Dende o momento en que están aquí voluntariamente, é porque tomaron esa decisión».