Cerca de dos mil manifestantes recorrieron a mediados de mayo del 2008 las calles de Lugo para exigir que el Concello de Lugo y la Xunta de Galicia buscasen soluciones para evitar una concentración masiva de familias chabolistas en los 41 pisos sociales construidos en el barrio de A Ponte, a orillas del Miño.
Los asistentes iniciaron el recorrido en el puente romano, detrás de pancartas en las que se podían leer lemas como «Por unha integración xusta e para todos» o «Integración sí, guetos no», y custodiados por un fuerte dispositivo policial. La protesta transcurrió sin incidentes.
Los vecinos de A Ponte organizaron durante varias semanas concentraciones diarias en las inmediaciones del río Miño demandando alternativas por parte de las administraciones, y contra la creación de lo que llamaban «un nuevo gueto gitano».
O Castiñeiro, más en calma
El barrio de O Castiñeiro, en cambio, vivió la polémica de forma diferente. Hace alrededor de veinte años que llegaron al entorno de la calle Lamas de Prado las primeras familias gitanas. Fue el inicio de un goteo que ha continuado de manera constante hasta la actualidad. Parte de estos nuevos vecinos llegaron directamente desde O Carqueixo.
¿Por qué no en Praza Maior?
Así las cosas, en esta zona de la ciudad amurallada conviven gitanos y payos en aparente armonía, aunque parte del vecindario está dividido.
Hay de todo. Desde gente que declara abiertamente que «a veces son más problemáticos los payos que los gitanos», a quienes reclaman con rotundidad: «Que non nos manden a máis, que xa temos dabondo»; y se preguntan por qué no hay gitanos viviendo en lugares como la Praza Maior, en la avenida de Madrid o en Campo Castelo.
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