Una tarea que se hace de oficio y con periodicidad, o porque se presenta alguna denuncia

La Voz

LUGO

Las revisiones sobre la conservación de los monumentos o ciudades que son patrimonio mundial suele hacerse de oficio. Pasados unos años desde que se otorga la declaración -no hay plazos fijos- la Unesco considera oportuno revisar uno o varios sitios y puede enviar técnicos desde París o delegar en personal de otros organismos como, por ejemplo, Icomos.

El casco histórico de Santiago es patrimonio mundial desde 1985, pero la siguiente evaluación no se hizo hasta 2006. Lo mismo ocurre con Cáceres (1986-2006); o con la Catedral de Burgos (1984-2006). Pero hay otros sitios en los que ha habido varios exámenes en el mismo período de tiempo. En Ávila (1985), por ejemplo, también se hizo el informe periódico en 2006 pero hay mucha documentación anterior y posterior referente al grado de conservación de determinados elementos o a la adecuación del entorno y los límites al bien patrimonial.

En estos casos, el exceso de supervisión puede deberse a la existencia de una denuncia por un motivo de gravedad suficiente como para merecer un análisis pormenorizado y exclusivo. Si es así, el personal también puede proceder de París o de otra institución asesora de la Unesco.