En las últimas tres décadas se realizaron grandes avances en el estudio del oso cavernario gallego, pero aún queda muchísimo por investigar. Hallazgos como el de Cova de Ceza, señala Grandal, tienen gran valor porque confirman la existencia de poblaciones estables durante largos períodos en una zona determinada. «En el yacimiento aparecieron individuos de edades muy diferentes, desde ejemplares maduros hasta casi recién nacidos, lo que indica que ese lugar fue una osera durante miles de años», dice. «Estos yacimientos son de gran interés para estudiar la evolución de estas poblaciones y de su entorno», agrega. Sería muy diferente, continúa, «si hubiese solo un ejemplar aislado, porque el animal podría haber muerto allí por casualidad, sin que la cueva fuese un refugio permanente, y en ese caso el yacimiento daría poca información».