Sobrado do Picato consiguió la carballeira cuando ya no tiene feria

B. Lázare

LUGO

La expropiación llevada a cabo por el Concello de Baralla puso fin a un largo proceso legal por los terrenos del campo de la parroquia, que está sin acondicionar

13 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En otros tiempos la macroeconomía de Sobrado do Picato, la parroquia más grande de Baralla después de la cabecera municipal, se ventilaba el 7 de cada mes, jornada feriada, según señalaban los almanaques clásicos al uso. La feria era de las más grandes de la zona y al pueblo acudían centenares de vendedores y compradores de todo el amplio contorno y de lugares más alejados que tenían la ventaja de que estaba a la orilla de la N-VI.

A la sombra de los robles centenarios se apilaban manadas de vacas, terneros, cerdos, hortalizas y todo lo vendible en una feria de las de entonces. Por su puesto, también los toldos de los pulpeiros. Sin ser conscientes, los feriantes comerciaban en terreno de nadie, o al menos de propietarios inciertos. Además de los ambulantes, había cerca de media docena de bares y casas de comidas que en una única jornada resolvían la cuenta básica de resultados del mes.

La feria comercial se acabó y hoy la fecha en el calendario se mantiene exclusivamente por las tres pulpeiras que siguen acudiendo y por unas decenas de clientes o de obreros que sustituyen el plato del día habitual por otro de pulpo. El sector hostelero se redujo a la mitad, que tiene en la jornada de feria una de las mejores del mes, pero no pasa de ahí.

Cuando el campo dejó de llenarse de feriantes aparecieron los muros de bloques de hormigón achicando la carballeira. Fue entonces cuando saltó la alarma y con ella, la liebre. Una serie de compraventas seguidas enmarañaron más la titularidad real de los terrenos que mucha gente consideraba públicos.

El Concello evitó deshacer la maraña legal adoptando la solución salomónica de la expropiación. Uno de los contendientes aceptó el precio estipulado, cobró y retiró el muro hasta el nuevo límite, sustituyendo el cemento por granito. El otro propietario recurrió y el proceso acabó cuando los órganos jurisdiccionales dijeron que ya se había acabado la vía. El resultado final fue que le reconocieron la propiedad de una franja de diez metros, hasta el primer roble existente frente a su casa. Fue necesario que pasasen muchos años, también muchos de litigio, para que por fin el campo de la feria de Sobrado tenga una titularidad clara, pública, y una delimitación bien definida.

Ahora, en cambio, no está definida la reforma que pretende hacer el Concello y que mantiene en alerta a los lugareños por algunas sospechas que hubo de que pudiese ser asfaltado. Durante dos años figuró una partida en los presupuestos municipales, sin que llegase a ser empleada, y en los del presente ejercicio fue retirada sin más explicación.