Los fallos en la telefonía condicionan la actividad de firmas del medio rural lucense

Cristina López

LUGO

30 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La provincia lucense no se distingue precisamente por sus buenas comunicaciones, y no me estoy refiriendo únicamente a las viarias, sino también a las telefónicas. Los viejos teléfonos analógicos fueron sustituidos, pero ninguna de las alternativas propuestas parece gozar del favor total de los usuarios.

El sistema LMDS, es decir, la transmisión de señales vía ondas de radio desde determinadas estaciones base, se erigió como el futuro de la telefonía rural por su estabilidad y porque apenas registra averías, aunque en la práctica la realidad está siendo otra. Con el sistema GSM-GPRS, el problema sigue siendo la cobertura; y en cuanto al satélite, además de su elevado coste, no está funcionando en todos los casos, incluso dentro de un mismo núcleo.

Interferencias, ecos, cortes de comunicación, imposibilidad de acceder a Internet... son algunos de los problemas telefónicos con los que se están encontrando los usuarios de la provincia lucense, sobre todo en las zonas de montaña. Y si el teléfono es fundamental para las personas que residen en esos remotos lugares y que precisan del servicio para poder llamar al médico, al veterinario o a quien los provee de víveres, también lo es para los turistas que pasan sus vacaciones en esos puntos de Os Ancares o de O Courel y que quieren mantenerse comunicados con los familiares que dejan en las grandes ciudades de las que generalmente proceden.

Sin teléfono no hay negocio

Y si hablamos de empresas radicadas en el medio rural de Lugo, no es menos cierto que el servicio telefónico, y también cada vez más Internet, resulta imprescindible para sus negocios. Negocios como las decenas de casas de turismo rural existentes en las zonas anteriormente referidas, en las que la práctica totalidad de las reservas y la captación de clientes se hace a través del teléfono o por medio de Internet. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con empresas que tienen varias sedes dentro de la comunidad gallega, que cuentan con un número considerable de empleados y de clientes y que necesitan de esos dos servicios para su actividad diaria.

Si en cualquiera de esas circunstancias, ni el teléfono ni Internet funcionan con la suficiente fiabilidad, no es de extrañar que se sucedan las quejas de particulares y de empresarios, como ha venido sucediendo en los últimos meses, intensificándose este verano. En el mejor de los casos, algunas de esas empresas o establecimientos de turismo rural se pueden permitir tener más de una línea, con lo que en caso de avería pueden ir tirando durante unos días, pero los negocios más modestos asumen la situación con total resignación, como quien dice «es lo que hay».

Las deficiencias en el servicio actual han llevado incluso a algunas firmas a plantearle a la compañía telefónica la posibilidad de instalar una línea por cable, asumiendo los costes a partes iguales, pero las operadores no admiten ese tipo de soluciones.

Exigir derechos

Así las cosas, y mientras las deficiencias se siguen produciendo, los usuarios se amparan en que el contrato con la compañía telefónica establece un plazo de dos días para reparar las averías. Esto no siempre se cumple y es algo que tienen muy presente las empresas o las familias que en algunos casos han estado hasta mes y medio con el teléfono averiado y han presentado denuncia. Los artífices de las quejas por el mal servicio telefónico también se amparan en los derechos que los asisten, ya que ellos, como los de núcleos urbanos, pueden y deben disponer de teléfono y de acceso funcional a Internet.