Como empleado y empresario lleva toda la vida vinculado al mundo del motor y durante unos años también como piloto
22 sep 2008 . Actualizado a las 17:15 h.Genaro Saavedra es otra más de las personas profesionalmente hechas a sí mismas. Su emigración se limitó a marcharse de Friol a Lugo, pero en la capital de la provincia hizo las Américas partiendo de la base. Trabaja desde los 15 años, ahora 10 horas al día, y comenzó de administrativo en la Droguería Sanal. Avatares de la vida o, mejor dicho, un salario bastante mejor, lo llevaron al Garaje Americano y ya no abandonó el mundo del motor, en el que fue piloto de rallies y vendedor de coches usados y nuevos. «Comencé a trabajar a los 15 años y desde entonces fui muy precoz en todo», dice.
«Siempre tuve afición por los coches y me gustaban, pero el cambio de trabajo como administrativo en la droguería al Garaje Americano fue por dinero, porque me pagaban algo así como tres veces más», aclara Genaro. En la empresa de coches también siguió haciendo un trabajo de oficina, pero fue tomando contacto más directo con los coches. «Estaba en contacto con el taller y al final ya me pasaron para una exposición en la que vendían motos». Su siguiente trabajo fue en la sección de recambios de Autolusa y regresó al Garaje Americano ya como vendedor de coches.
Su vida tiene un paralelismo bastante grande con la de otro profesional del sector, José Piño Trigo. Ambos son de una edad parecida, fueron pilotos de rallies en la misma época, fueron socios en el primer negocio de compra-venta de turismos, ahora son propietarios de sendos concesionarios y siguen siendo muy amigos.
Vendiendo Morris comenzó su afición por las carreras y se inició en ese mundo con un Mini, que además era el que utilizaba diariamente tras deshacerse del Seiscientos que había comprado en su etapa de Autolusa. «En aquella época tenían un sueldo un poco mayor de lo normal porque era bastante buen vendedor, pero iba bastante justo para pagar los gastos que me ocasionaban las carreras». Después la situación mejoró porque montó el negocio de compra-venta de coches de segunda mano con Piño Trigo. «Ya llevaba dos o tres años corriendo y tenía una cuenta bastante grande en el Garaje Americano, porque me fiaban, y si no me hubiese establecido por mi cuenta no se si la hubiese podido pagar».
Con Piño era socio en el negocio y rival en las carreras, pero lo llevaban muy bien. «Una cosa no tenía que ver con la otra y en ocasiones incluso participé de copiloto con él en algunos rallies importantes como el de Ourense, que era el más famoso».
Tenía por entonces 20 o 21 años y con cuatro más se casó y comenzaron las presiones para que lo dejase, porque las responsabilidades eran otras. En la última fase de su corta carrera deportiva ya corrió con un coche de profesional, un Seat 1430 que le había comprado a Juncosa en Barcelona. «Cuando ya tenía unos medios mejores para correr, no me dejaron», sentencia Genaro Saavedra, que algún tiempo después sería padre de dos hijos. Hoy son ambos colaboradores al frente de la empresa y las personas que lo liberaron de las comidas de trabajo y le permiten hacerlo en casa, que es lo que le gusta. «Solamente salgo a comer los viernes con unos amigos, pero por las ocupaciones que tenemos todos apenas me reúno con la gente de la época de los rallies».
Tras el primer compra-venta compartido con Trigo montó su propio negocio, Autos Genaro, paso previo a hacerse con la concesión de la Fiat, con unas ventas de 30 o 40 turismos al año. Hoy Lugocar vende Fiat, Lancia, Alfa Romeo y Ford, marcas con las que el año pasado despachó 1.200 coches nuevos y 800 de segunda mano. En el 2008 la cosa va un 30?% por debajo de lo previsto debido a la crisis.