El España, la cocina como arte

LUGO

El propietario del negocio transmitió a los suyos sus inquietudes por caminar en la avanzadilla de la restauración con la calidad del producto como bandera

14 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El secreto del restaurante España, según su propietario, Francisco López, -Paco, para todos sus clientes- está en la extrema calidad de los productos que utiliza y en la tecnología que emplea en su elaboración y que permite que cada plato llegue a la mesa en su punto exacto de preparación. El España, que está a punto de concluir los actos de su centenario consiguió, con la incorporación al negocio de Francisco y de Héctor, los hijos del propietario, la perfecta sincronización entre lo tradicional, que representa el progenitor y la vanguardia, que abanderan sus hijos con una buena formación, uno como cocinero y el otro como sumiller. Ambos tenían inquietudes profesionales diferentes. El mayor, Paco, no quiso terminar Empresariales cuando le quedaba poco para hacerlo y empezó a trabajar con su padre, que lo colocó en un puesto de la tabla rasa de la profesión, el de pinche.

El propietario del España reconoce que le hizo ganarse a pulso el ascenso de los distintos escalones. Empezó su carrera profesional en la restauración en la trayectoria inversa a la de su hermano. Comenzó con la práctica y finalizó con su especialización en una prestigiosa escuela de Marbella como sumiller.

Caminos diferentes

Héctor quería ser ingeniero de montes, pero a última hora, en lugar de matricularse en la escuela de Lugo, dio un giro a su vida y lo hizo en la Escuela Superior de Hostelería de Santiago. Antes de incorporarse al negocio familiar trabajó en prestigiosos restaurantes de toda España, donde perfeccionó el arte de la cocina, que ahora aplica en el restaurante lucense.

Paco, el padre, está muy orgulloso de que sus hijos se incorporaran al negocio y del giro que dió éste cuando lo hicieron. El dueño del España está también muy satisfecho de haber transmitido a sus hijos como herencia el inconformismo que caracterizó su trayectoria profesional. Empezó a trabajar como camarero a los 13 años y en la década de los 80 pudo finalmente cumplir su gran ilusión, montar su restaurante.

Paco López se hizo con un negocio de gran tradición en Lugo, que, según reconoce, funcionaba muy bien como cafetería y no tanto como restaurante. Eran unos años en los que la competencia era muy grande y había que marcar diferencias en la carta para destacar y captar clientela. Ese incorformismo del que hace gala lo hizo empezar a organizar las primeras jornadas gastronómicas de la provincia y eligió una especialidad hacia la que todavía existían ciertos recelos, las setas. Fue un éxito y se decidió por otra apuesta, la caza, que es la gran pasión de padre e hijos. Por aquellos años en casi ningún restaurante servían corzo o jabalí. También acertó.

En vanguardia

Con la incorporación de los hijos el España dio un nuevo paso hacia las tecnologías de vanguardia, que los miembros de la nueva generación aprendió a manejar en los cursos y en los restaurantes en los que trabajó.

La labor realizada en estos años y la calidad, tanto de la cocina como del servicio hicieron merecedor al restaurante lucense de la concesión del premio del restaurante del año de Galicia de este año.