Cada actuación de los arqueólogos en la capital, vital para delimitar cuál era el recorrido exacto de la vía
LUGO CIUDAD
Para delimitar los puntos por los que pasaba la vía XIX, los arqueólogos estudiaron los itinerarios clásicos y localizaron seis miliarios. Aunque no tienen inscripción se han dado por válidos. A continuación se consultó toda la documentación medieval y moderna existente sobre la red viaria y se identificaron puentes. En el caso de Lugo, sólo hay uno, el puente viejo sobre el Miño.
Se recopiló toponimia viaria y se estudió el grado de inclinación topográfica, ya que los romanos no construían en desniveles superiores al 7%.
La estructura de las carreteras romanas era muy particular, por lo que se estudiaron los vestigios de la supuesta vía localizada. Así, lo normal es localizar dos surcos longitudinales y también pequeñas lomas sobreelevadas con respecto al resto del terreno en las que se construían los viales.
Por último, a la hora de identificar y delimitar, han sido fundamentales los restos arqueológicos contemporáneos y asociados adicionalmente a las vías romanas. Esto es, ciudades, enclaves viarios, villas romanas, campamentos militares, inscripciones romanas, santuarios, explotaciones mineras o castros romanos.
Esta tarea ha sido relativamente fácil desde el tramo entre Guntín y Lugo, puesto que está el miliario de Calígula de San Román de Retorta, la estela funeraria de Crecente, el yacimiento arqueológico de Agro da Ponte, el puente viejo sobre el Miño, las termas, los castros aparecidos y las vías en las cuestas de O Carme.
Para establecer la relación entre la vía XIX y la ciudad de Lugo, los arqueólogos municipales hicieron varios sondeos en la zona de Agro da Ponte y también en el Carril das Estantigas. Así, se localizaron restos de una necrópolis de incineración o restos de una fortificación, relacionados con la actividad comercial y política. Para dar con ellos, se utilizó un aparato de prospección del subsuelo que permite obtener imágenes e identificar elementos singulares y caracterizar el entorno de los restos. De esta manera, no se alteran las estructuras.