Una revista, Deporte Ferrol , publicó una hagiografía de Coté que de creerla nos encontraríamos ante el campeón mundial de kickboxing de 1989. Era tal su fama entre los norteamericanos de entonces, añadía el panegírico, presumiblemente escrito por él mismo, que ya había sido bautizado por los medios como The hunter , el cazador. «Parece una exageración -señala el panegirista- pero os aseguro que no lo es». El firmante lo presenta ya como «próspero empresario, amable, joven, bondadoso, con una educación envidiable, decente y un individuo con mucha clase».
Por si no fuera poco ahí van más: «La gloriosa noche del 11 de noviembre de 1989, en el Madinson Square Garden, enfrentado al entonces campeón mundial de peso medio Siran Supasturpong, tailandés, batido por K.?O.». Las glorias siguieron en un recorrido triunfal por EE.?UU. que el articulista no duda en considerar «páginas de la historia de las Artes marciales y de la historia del mundo». Su gloria continuaría en Francia, Bélgica o Portugal.
«Es de esa clase de personas que vaya por donde vaya te hace sentir orgulloso de ser su compatriota, te inspira y te alecciona». Pero como los maestros orientales de artes marciales, «jamás es arrogante ni fanfarrón, sino todo lo contrario, humilde y sencillo, cortés, amigable, civil y respetuoso con todo el mundo incluso con aquellos que le critican y desprecian pues en su corazón caben todos». Un ciudadano ejemplar».
No se queda ahí. El firmante advierte a renglón seguido que «sus detractores, enfadados, no podrán dar salida a sus críticas negativas» porque son ya «muchísimos los que le admiramos». Auguraba que Coté estaba llamado a ser «uno de los maestros de una nueva generación floreciente en el mundo». Coté dejó luego las artes marciales por un negocio bastante más rentable.