Un hombre de unos 30 años, con la cara tapada con un casco de moto, trató de llevarse 3.500 euros de la sucursal de Caixa Galicia de San Roque 169
29 mar 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Poco más de cinco minutos necesitó el hombre de unos 30 años de edad que atracó ayer la sucursal de Caixa Galicia en conseguir un botín de unos 3.500 euros, con el que pretendía salir corriendo. Menos tiempo aun necesitaron los dos guardias civiles de paisano que lo detuvieron cuando salía con el dinero. Ambos estaban tomando café en el bar de enfrente cuando una clienta habitual entró precipitadamente y muy nerviosa solicitando a la dueña que llamara a la policía, que estaban atracando la entidad.
El atracador antes marcharse con el botín se dirigió a las personas a las que tomó como rehenes, que eran una treinta, y les dijo «perdonen si los he asustado». Fuera, en un callejón próximo, había dejado aparcada una moto, parece ser que de gran cilindrada, en la que presuntamente tenía previsto huir.
El enmascarado, de unos 30 años, entró en la sucursal con las manos cubiertas con unos guantes de plástico y con la cabeza tapada con un casco de moto. Empuñaba una pistola, que posteriormente los guardias civiles comprobaron que era de fogueo.
El detenido actuó con una corrección inusual durante el tiempo que permaneció en la entidad. Primeramente, eso sí, empuñando el arma, pidió a los clientes que se colocaran todos en la parte posterior. «Tranquilos -dijo cuando notó el nerviosismo en el patio de operaciones- que sólo quiero coger el dinero y está asegurado».
Según testigos presenciales, fue la propia interventora la que le facilitó varios tacos de billetes, que introdujo en una bolsa. El detenido conminó a la empleada a que abriera la caja fuerte, pero ésta le hizo la advertencia de que era de apertura retardada. Desistió de ello.
El atracador fue detenido cuando trataba de huir con el botín. Los dos guardias civiles, según algunas versiones, llamaron a la puerta, como si se tratara de simples clientes y el detenido les abrió, justo cuando salía. Lo desarmaron y le sacaron el casco, lo que permitió que los clientes pudieran ver el rostro del detenido.
La identidad del hombre no fue facilitada por la policía, argumentando que hasta que no finalizara la investigación y pasara a disposición judicial, no habría información oficial al respecto.
El robo en esta entidad se frustró debido a que tres mujeres que iban a entrar en ella se dieron a tiempo cuenta de que había en el interior una persona empuñando una pistola y con un casco de moto. Fue una de ellas precisamente la que dio la voz de alarma y justo en el momento en el que estaban los guardias en el bar.
Cuando algunos vecinos le preguntaron a esta mujer cómo se había atrevido a salir del banco con el atracador dentro, si no había tenido miedo a que le disparara, parecer ser que contestó «dábame igual morrer dentro que fora». La testigo confesó que le hubiera resultado insoportable permanecer dentro de la entidad en el momento del atraco.
La testigo llegó muy nerviosa y temblorosa al establecimiento en el que pidió ayuda.