Tres décadas después de su creación, las instalaciones de la estación de autobuses están obsoletas y son poco operativas
Treinta y dos años después de su puesta en funcionamiento, la estación de autobuses de Lugo pide a gritos una reforma. Trabajadores y usuarios resaltan lo estratégico de su ubicación, a escasos metros de la Muralla, pero coinciden en que las instalaciones están viejas y hace mucho tiempo que dejaron de ser operativas. «Habería que darlle un lavado de cara e facer unha reestructuración, pero trasladala non, porque se a poñen noutra parte da cidade a xente non viría», indicó un trabajador de la empresa de autocares González de la Riva, Manuel Ramos. Un recorrido por el recinto basta para sumarse a la propuesta.
La entrada por la puerta principal es en sí un experimento. Al fondo, da la bienvenida un letrero luminoso que con chillones rojos y azules anuncia un centro psicotécnico. En un lateral, tres hombres de mediana edad se amontonan junto a un viejo escaparate de cristal para contemplar absortos las fotografías de tatuajes y piercing que adornan los cuerpos de varios jóvenes y no tan jóvenes. Junto a ellos pasa apresurado otro hombre que, algo mayor que los anteriores, se dirige a los desvencijados servicios manipulando la cremallera de su pantalón. Ameniza la escena el sonido de fondo de las tragaperras de los recreativos.
En el interior, el panorama lo dice todo: suelos desgastados, pintadas en las paredes, tableros de madera rotos sujetos por alambres para impedir el acceso a la planta superior, ni un sólo panel ni pantalla con información global sobre horarios y rutas, llegadas y salidas... «É unha vergoña que iso estea así a estas alturas», exclamó muy enfadada una vecina de Lugo, que ha optado por acudir acompañada a la estación: «Hai tempo que sempre veño co meu home ou co meu irmán, e á miña filla non a deixo vir soa». Y detalla los motivos de su recelo: «A última vez que vin soa viñeron varios homes cara a min, coma se buscase plan de prostituta ou algo así, e sentínme fatal».
Hace unos meses surgieron problemas debido a la presencia en el recinto de grupos de personas de los ambientes lumpen de la ciudad. Pese a que la situación parece estar más controlada ahora, numerosos usuarios hablan todavía de «sensación de abandono e inseguridade».
«Non teño nada en contra desa xente, cada un vive como pode, pero debería haber un policía tamén pola tarde», señaló un trabajador del recinto. «Parece incríble que isto estea así tendo a policía ao lado», comentó una usuaria.
Aunque la afluencia de pasajeros en la estación de buses desciende año a año, a determinadas horas del día, es complicado encontrar asiento para esperar. «Es nuestro particular asilo, vienen aquí cada día y ya nos conocemos todos», explica con humor la encargada de información, Ángeles Rodríguez, en relación con los jubilados -unos cuarenta- que acuden diariamente a la estación para charlar y pasar el rato.
El restaurante, lo novedoso
Pero en la estación no todo necesita una reforma. El renovado restaurante del recinto -sustituyó hace un tiempo a la vieja cafetería- le ha dado nuevos bríos al espacio, atrayendo a nuevos usuarios. Además de los tradicionales bocadillos, se sirven comidas e incluso se organizan almuerzos de empresa.
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