El museo pretende «desmontar tópicos» de la época romana con una exposición
Estamos en el año 137 antes de Cristo. No toda la Hispania está ocupada por los romanos, cuya presencia en la península Ibérica se nota sobre todo en las orillas del Mediterráneo y en el sur. Pero ese es el año en el que se produjo la incursión en el noroeste de las tropas llegadas de Roma, comandadas por Décimo Junio Bruto.
Faltaban varios siglos todavía para que la Gallaecia se convirtiese en provincia -una provincia, por otra parte, cuyos límites iban más allá de O Cebreiro-. Pero faltaba menos para que la huella de la cultura cuyo centro estaba en las orillas del Tíber empezase a notarse en las márgenes del Miño y del Sil.
Que esa presencia ha llegado hasta nuestros días es evidente. Que la interpretación de esa presencia y de sus huellas sea solo una ya no parece, en cambio, tan evidente, sobre todo si se observa la exposición instalada desde el fin de semana en el Museo de Prehistoria e Arqueoloxía de Vilalba.
La exposición, titulada A dominación romana , consta de siete paneles que ofrecen, además de una introducción, información sobre seis aspectos de la cultura y de la civilización surgidas en el mundo romano. Las formas de poblamiento, las obras públicas, la economía, las creencias, la cultura y las aportaciones materiales son otros tantos aspectos que recogen esa huella: por un lado, se testimonia su presencia; por otro -como explica el director del museo, Eduardo Ramil-, se constata que ni la romanización ni la penetración cultural fueron iguales en todo el territorio. El propósito, agrega, es «desmontar tópicos» y «dar nuevas visiones».
Ramil comienza por asegurar que los asentamientos castreños eran anteriores a la llegada de los romanos y sobrevivieron a la desaparición del imperio -cuyo declive en esta parte de sus amplios dominios, dice, empezó antes que en otras zonas-, y subraya la construcción de puentes como la principal aportación romana en el noroeste peninsular.
Los viaductos facilitaban el traslado de mercancías y el paso de los ejércitos. El aprovechamiento de los recursos minerales no es ni mucho menos ajeno a la llegada de los romanos, lo que explica, dice Ramil, que zonas de gran riqueza de esos materiales como O Courel y las Médulas hayan visto la llegada de esos forasteros.
El patrón oro adquirió protagonismo frente a otros -el del bronce o el de la plata- en tiempos de Augusto, aunque Ramil sostiene que esa riqueza ya era conocida en el período castreño.
Culto al emperador
Una novedad que el Imperio Romano introduce es el culto al emperador, aunque sin renunciar a una postura sincrética que recoge la presencia de creencias anteriores. Más limitada que la presencia de nuevos cultos podía ser -afirma Ramil- la presencia de manifestaciones de la cultura romana, que tampoco puede asociarse con la introducción de novedades que se asociaban con ella: el arado o la rueda -dice Ramil- son ya anteriores.
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