Tras la visita a la cima del Taro Branco hay que continuar el recorrido por la pista de tierra. En el kilómetro 7,1 aparece un camino a mano izquierda que lleva a la mina de A Toca y por el que hay que pasar de largo sin desviarse. Unos cien metros más adelante está la Lagoa do Pozo do Lago, una reducida laguna natural que conserva el agua hasta bien entrada la primavera y suele quedarse seca en los estiajes.
Este paraje se halla en el monte de O Igrexario, llamado así porque en tiempos fue propiedad de la parroquia de Meiraos. Los vecinos que cultivaban las tierras en esta zona tenían que pagar a la iglesia la correspondiente deuda o foro, que consistía en un ferrado de grano de centeno al año.
La ruta llega a su fin en el kilómetro ocho, en el lugar denominado Chao da Golada. A la izquierda se levanta el Pico de Pando o da Louseira, en el que se aprecian diferentes socavones en el terreno, producto de las múltiples extracciones de pizarra que se realizaron en tiempos. El material obtenido se utilizaba al parecer para elaborar los tejados de las viviendas de Meiraos. Si coronamos el Pico de Pando, en lugar de O Tarín das Fontes encontraremos un mirador natural que ofrece unas magníficas vistas de las vecinas montañas de la sierra de O Cebreiro y de la mina romana de A Toca. La Casarella de Pando se encuentra a mano derecha de O Chao da Golada, a una distancia de treinta metros. De la antigua construcción pastoril hoy sólo se conserva una parte de los muros, que se levantan a un metro de altura del suelo.
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