Investigan el uso de cortezas de árbol para evitar los herbicidas

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

La Politécnica de Lugo prueba alternativas a las cubiertas vegetales

01 may 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

El papel medioambiental del cultivo del viñedo en la Ribeira Sacra, que hace posible uno de los paisajes más impactantes del mundo, tiene su talón de Aquiles en el uso generalizado de herbicidas. El laboreo de las viñas, la cava con la que tradicionalmente se combatían las malas hierbas, se ha vuelto inviable por sus elevados costes y por la falta de mano de obra. Descartado el uso maquinaria para remover la tierra, solución inviable en las laderas más pronunciadas, algunos viticultores han optado por aplicar capas vegetales, fundamentalmente paja, para evitar la competencia de la vegetación adventicia con las cepas en terrenos pobres en nutrientes y reservas de agua, como suelen ser los que sustentan los bancales.

Esta y otras alternativas se valoran en la tesis de doctoramiento sobre sistemas de mantenimiento del suelo del profesor de la Escola Politécnica Superior de Lugo Julián García Berrios. Que nadie espere, sin embargo, encontrar recetas mágicas en este trabajo, que recoge los resultados de doce años de investigaciones en viñas de Ribeira Sacra y Rías Baixas que contaron con el apoyo económico de la Xunta.

Efectos en el vino

«Una de las conclusiones más claras es que no hay una receta general. Todos los sistemas para el manejo de las malas hierbas tienen sus pros y sus contras. Hay que buscar una aplicación para cada caso concreto, en función de los objetivos y también de las posibilidades existentes» dice el autor del trabajo, profesor de viticultura del departamento de producción vegetal y miembro del grupo de investigación Vitis Research.

En el estudio sobre la vegetación adventicia no solo se ha valorado su composición y evolución, sino también los efectos de las diferentes técnicas para su control sobre los ciclos biológicos de las cepas y la calidad de las uvas. En el caso de la aplicación de cubiertas vegetales, ha quedado de manifiesto que propicia alteraciones microclimáticas que inciden de forma significativa sobre los parámetros productivos y enológicos. «Subir un grado el alcohol puede ser bueno en un vino de crianza y malo en uno joven. Todo depende de los objetivos que se persigan en la bodega», precisa García Berrios.

La investigación que dirige constata en los últimos años una creciente tendencia a la aplicación de cubiertas de paja como alternativa a los tratamientos químicos en los viñedos de Ribeira Sacra. «La paja es lo más disponible, pero estamos viendo materiales que se utilizan en otros países, como cortezas de árboles. El problema es que estas investigaciones requieren algo más de poso y aquí no trabajas en un laboratorio donde puedes repetir los experimentos con frecuencia para ver las alternaciones. En el viñedo, los ciclos son anuales», explica el profesor de la Escola Politécnica Superior de Lugo.

Sin financiación

Las conclusiones, por otro lado, no pueden perder de vista la dimensión económica del problema, ya que según García Berrios «de poco sirve que encuentres un material maravilloso para cubrir los suelos que luego sea inaplicable por costoso». Una de las líneas de investigación que se barajaron apuntaba al aprovechamiento de escombros de la pizarra para este tipo de cubiertas, pues se consideraba «un subproducto interesante, disponible y económico». La propuesta, sin embargo, no encontró financiación.