El Concello hace caso omiso de la solicitud del autor de los gigantescos murales de Monseiro para restaurar algunos pequeños desperfectos causados por el mal tiempo
15 oct 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Hace casi un lustro el creador de Láncara, Fermín Díaz conocido en el mundo artístico como Finxo decidió emplear una gran parte de sus vacaciones de verano en su aldea natal de Monseiro pintando varios murales en la palleira de su casa.
El principal objetivo era luchar contra el feísmo y convertir el cemento en arte.
El resultado final fue un éxito tanto a nivel estético como de impacto visual. Los cuatro gigantescos murales representan temas relacionados directamente con la historia de Galicia: una romería tradicional, una escena que refleja la tragedia de la emigración, una representación del medio rural gallego y la Santa Compaña.
El más grande ocupa noventa metros cuadrados y es el que recrea una escena de varios labradores trabajando en la siega. Llama poderosamente la atención tanto por su magnitud como por ser realizado en colores muy vivos.
El más espectacular es también el último que finalizó en el 2006. Una comitiva de muertos en procesión por el camino de Monseiro representando el mito de la Santa Compaña. En el mural se adivina perfectamente la iglesia del pueblo y su propio creador.
Estos murales se han convertido en uno de los iconos de la zona y es habitual ver a cualquier hora, sobre todo en la temporada estival a gente deteniéndose a admirarlos o ha hacerse fotografías de recuerdo delante de ellos. A todos les resulta muy sorprendente encontrarse con una obra de tanta envergadura en un núcleo rural.
El problema es que al tratarse de obras realizadas a la intemperie están expuestas a los rigores del clima y situados en una zona en la que las lluvias, el viento y el frío les ocasionan serios daños.
La erosión que sufren estos trabajos hacen que cuando su autor regresa, normalmente en verano, a su lugar de nacimiento esté obligado a realizar trabajos de restauración para devolver a las escenas representadas todo su esplendor.
La inversión que se requiera para hacer estas reparaciones es pequeña, ya que prácticamente se limita a la pintura necesaria para sustituir las zonas dañadas.
Por ese motivo, Finxo presentó en varias ocasiones un escrito en el Concello solicitando una aportación para sufragar esos gastos. En su petición explicaba perfectamente lo que suponen los murales, su más que probado atractivo para generar visitantes a la zona y el escaso gasto que supondría para las arcas municipales pagar la pintura, ya que no cobraría su trabajo.
La callada por respuesta ha sido lo único que obtuvo a sus peticiones. Por ello es muy posible que el 2010 sea el último verano que emplee su tiempo y su dinero en restaurar los murales ante la desidia municipal.