La nueva línea Ourense-Lugo de alta velocidad -supongo que ahora podremos utilizar el término con toda propiedad- debería enmarcarse en el contexto más amplio de las comunicaciones del noroeste peninsular. En ese contexto, Monforte es punto estratégico de encuentro entre el flujo de viajeros y mercancías procedente, por una parte, del norte de Galicia hacia el eje troncal del AVE que nos une con el centro de España a través de Ourense y, por otra, del sur de nuestra comunidad autónoma y norte de Portugal en dirección a la cornisa cantábrica y a la Unión Europea por León y la y griega vasca.
Monforte y una buena parte de la deprimida Galicia interior se verían altamente beneficiados por un proyecto que tuviera en cuenta estas consideraciones y que nos comunicara en condiciones de rapidez y seguridad con todos los destinos indicados y con los grandes puertos y aeropuertos de Galicia. Un proyecto que constituye la primera modernización a fondo de nuestro ferrocarril desde su implantación en el siglo XIX y quizá la única en el presente, dados el alto coste que requiere y el gran impacto ambiental que produce.
Cuestiones tan importantes como la viabilidad del puerto seco, el polígono industrial, el turismo de la ciudad como puerta de la Ribeira Sacra o el comercio están directamente ligadas a unas buenas comunicaciones por ferrocarril y por carretera, no solo en lo que se refiere a sus prestaciones, sino también en su amplitud geográfica y funcional.
En este sentido, reitero lo dicho en ocasiones anteriores sobre la importancia de las líneas Lugo-A Coruña y Monforte-Ponferrada, ambas contempladas ya en el Plan Galicia y pendientes de estudio informativo. La primera es la continuación lógica del tramo Ourense-Lugo hacia A Coruña y Ferrol, que empalmaría en Betanzos con el eje atlántico que unirá ambas ciudades y acercaría el acceso a sus respectivos puertos y al aeropuerto de Alvedro; la segunda canalizaría el tráfico de toda Galicia y el norte de Portugal con destino a la España nórdica y a la unión Europea a través de León, ya que el tramo Ponferrada-León está pendiente de declaración de impacto ambiental y, por el conocimiento que tenemos del estudio informativo, sabemos que contempla una vía de nuevo trazado y con altas prestaciones.
Nuevo resurgir
Si somos capaces de gestionar ese proyecto de modernización en los términos apuntados, Monforte y su entorno, es decir, una buena parte de la Galicia interior más deprimida podrían experimentar un desarrollo a medio plazo similar al alcanzado en la primera mitad del siglo pasado en el aspecto demográfico, pero con mayor proyección de futuro en lo económico y lo social, ya que se trata de un proyecto de amplio alcance que abarca todo el noroeste peninsular.
Un proyecto de este calado merece todos los esfuerzos posibles por parte de políticos, empresarios, sindicatos, asociaciones y cuantos puedan aportar alguna idea constructiva; y teniendo en cuenta que la unión hace la fuerza, me atrevo a proponer la creación de una comisión pro-ferrocarril en la que podrían entrar los alcaldes y otros representantes de Lugo, Monforte, Ponferrada, Ourense... así como la Diputación de Lugo e incluso las de Ourense, A Coruña y León.
Esta comisión podría encargarse de las cuestiones fundamentales del proyecto en su conjunto, como el nivel de prestaciones, el tipo de vía o los plazos, y las correspondientes propuestas a Fomento. Teniendo en cuenta que Monforte es el centro de gravedad del proyecto, paree que sus representantes deberían tomar la iniciativa en el asunto, aunque dado que todos son beneficiarios cualquiera está legitimado para tal cometido.