Valdavara, una herencia prehistórica

LEMOS

Los valiosos yacimientos arqueológicos de la cueva de Valdavara, en Becerreá, donde se lleva a cabo por tercer año consecutivo una campaña de investigación en la que colaboran la Universidade de Santiago y la Universitat Rovira i Virgili de Tarragona, fueron descubiertos ya a finales de los años 50, pero el hallazgo pasó desapercibido para la comunidad científica hasta tiempos muy recientes. Los sondeos sistemáticos que comenzaron en esta gruta caliza en el verano del 2007 han sacado a la luz una de las estaciones arqueológicas más notables que se conocen en la montaña lucense, en la que se conservan testimonios de los poblamientos humanos del Paleolítico Superior, el Mesolítico, el Neolítico y la Edad del Bronce.

La existencia de este yacimiento fue descubierta en su día por Carmelo Alonso, un vecino de Becerreá aficionado a la arqueología que entonces contaba 18 o 19 años. La codirectora de las actuales excavaciones, Susana Alonso, es precisamente la hija del descubridor -delineante de profesión-, quien durante mucho tiempo guardó en su casa los artefactos y los huesos que encontró entonces en la cueva.

El hallazgo solo fue conocido por unas pocas personas hasta que Susana Alonso, entonces estudiante de la Rovira i Virgili, mostró los materiales localizados por su padre a Eudald Carbonell, profesor de esta universidad y codirector de las excavaciones de Atapuerca. «Carbonell me puso en contacto con gente que investiga yacimientos de estos períodos cronológicos y me dijo que me ocupase yo misma de las excavaciones cuando me hubiese licenciado, que es lo que estoy haciendo ahora», explica la arqueóloga, que en la actualidad prepara su doctorado.

Refugio de guerra

El nombre que dieron los arqueólogos a la cueva, por otra parte, procede de un episodio de la historia reciente que Carmelo Alonso recogió de la tradición oral local. «Los vecinos cuentan que un zapatero conocido como Benjamín de Valdavara vivió refugiado en la cueva durante la Guerra Civil y que incluso se trajo sus instrumentos para seguir trabajando mientras se escondía de la persecución política», señala la investigadora. «No tenemos totalmente comprobado que esta historia fuese cierta, pero eso es lo que dice la gente. Nosotros no encontramos ningún rastro de la supuesta estancia de Benjamín en la cueva, pero mi padre ya decía que él se preocupaba mucho por pasar totalmente desapercibido y por no dejar ninguna huella», añade.