El nuevo presidente del círculo recreativo revoluciona la entidad con sus normas. Expulsará a quien hable mal y ya ha denunciado a Sanidade que allí se fuma
22 may 2009 . Actualizado a las 15:38 h.Víctor Arias es una persona religiosa. De pequeño estudió en el seminario de Ciudad Real y ya entrado en la treintena se licenció en teología (también en ciencias políticas y en filosofía y letras, pero esa es otra historia). El actual presidente del casino de Chantada también se precia de ser un hombre recto y consecuente. Así que le llama la atención que haya quien se espante por el contenido del bando que acaba de colocar en la puerta de esa sociedad, en el que amenaza con expulsar a todo aquel que utilice «un lenguaje soez y blasfemo» mientras juega a las cartas en la cafetería. Y de paso avisa que tiene pensado denunciar a las autoridades sanitarias que en la cafetería se fuma.
El nuevo responsable del casino lleva alrededor de un mes en el cargo de una entidad que en tiempos fue el centro de la vida social chantadina y hoy languidece, entre la oferta cultural del Ayuntamiento y sus dificultades para atraerse público distinto al suyo de siempre. Las partidas de cartas y las tertulias vespertinas son su principal fuente de actividad, y ahí es precisamente donde quiere meter su bisturí Víctor Arias, que cuenta 73 años, fue fundador de Alianza Popular y concejal en Chantada durante dieciséis años, primero con aquella formación política y después en el CDS de Suárez. «O Víctor necesita siquiatra». Eso es lo que opina un socio que quiso dejar constancia de su enfado escribiendo la ofensa sobre el cartel que anuncia las nuevas restricciones en la puerta de la cafetería.
Creyente y practicante
Pero Víctor Arias asegura que su ofensiva contra el lenguaje soez no es un problema psiquiátrico. «Se trata -dice él- de una cuestión de tipo moral, por lo menos para el presidente, que tiene derecho a tener su sensibilidad, espiritual incluso, y que como es creyente y practicante no admite este lenguaje en su familia, así que tampoco lo va a admitir en la sociedad en la que se relaciona». Y de ahí no hay quien le mueva. Ni las bromas escritas a bolígrafo ni las críticas de los socios. «Non hai que montar este cisco porque alguén bote un taco de vez en cando, a quen se lle ocurre», decía ayer en voz baja en la cafetería del casino un parroquiano que no quiso dar su nombre.
El presidente no está dispuesto a ceder. Dice haber notado ya que el nivel de tensión verbal en tertulias y partidas se ha relajado notablemente. Pero insiste en su advertencia. Pasará la primera blasfemia, también la segunda, pero la tercera ya no. «Hay uno o dos que siguen viniendo, y traen a la Virgen y a Dios en su lengua, y ni Dios ni la Virgen pintan nada en las mesas de juego, pero como yo lo capte les voy a dejar una vez, dos veces y a la tercera los echo del casino», avisa.
Antes de este polémico bando ya había pegado en el tablón de anuncios otro cartel en el que recordaba que en el interior del casino no se puede fumar. En vista de que nadie parece haberle hecho caso a aquel primer toque de atención, el presidente del casino ha tomado la decisión de denunciarlo a las autoridades sanitarias.
De hecho, ya ha pedido en la delegación provincial de la Consellería de Sanidade que envíen una inspección. No cree estar tirando piedras contra su propio tejado. Está convencido de que si llega una sanción tendrán que pagarla los que atienden la cafetería de la sociedad. «La directiva bastante hace con llenarlo todo de carteles de prohibido fumar», dice.
La fuerza de Cristo
Víctor Arias se hizo cargo hace aproximadamente un mes de la presidencia del Círculo Recreativo Cultural de Chantada, que así se llama oficialmente el casino. No había presentado candidatura, pero la anterior directiva no quería seguir y nadie parecía querer hacerse cargo, así que acabó aceptando él. Sus antecesores, una junta presidida por el poeta Pablo Rubén Eyré, intentó devolverle vida al casino cuidando la programación de actividades culturales y de ocio. Lo consiguieron solo a medias, porque más actividades sí que hubo, pero la entidad siguió perdiendo público lentamente. El propio Víctor Arias dice lamentar no tener «la fuerza tautológica de Cristo, porque el casino agoniza, si no está ya muerto».
Vivo o muerto, no parece haber entre los socios del casino mucha gente dispuesta a relevar al nuevo presidente. Él lo tiene claro: «Si quieren que me vaya, que pongan a otro y listo».