Un yacimiento del siglo XIX por el que se interesó una empresa extranjera en los años 50

La Voz

LEMOS

El mineral extraído en Todrigo tenía como destino la ferrería de Loureiro, ubicada en las proximidades de esta explotación, que dejó de fundir a finales del siglo XIX. La mayoría del mineral que se fundía en esta factoría artesanal procedía sin embargo de las minas de A Veneira. Solo una mínima parte venía de las minas de Todrigo, debido a que el camino que unía ambos lugares -muy estrecho, sinuoso y empinado- solo podía ser recorrido por mulos.

La señora Ermitas, de Domiz, recuerda que cuando los vecinos de la zona iban a recoger castañas al souto de Todrigo, en los años 40 y 50, aún se podían ver las bocas de las minas, «pero tiñan moito medo de entrar nelas», precisa. Sólo los más osados se internaban en sus galerías, iluminados por rústicas antorchas de hojas de helecho.

Recogida de muestras

Una empresa, presumiblemente alemana, contrató en 1950 a nueve vecinos de Salcedo para localizar las bocas de las antiguas minas y realizar unas calicata. Entre ellos estaba Antonio González Armesto, más conocido por Cuco. «Estivemos traballando dous días e pagáronnos cen pesetas», recuerda. «Quedamos sorprendidos porque era unha cantidade elevada de diñeiro, daquela o xornal estaba a trinta pesetas», añade. Dice también que los técnicos de aquella empresa conocían perfectamente la ubicación de las minas, incluso la de alguna entrada que entonces estaba tapada con tierra y que era desconocida por los propios vecinos. Los visitantes se llevaron muestras para determinar la calidad y cantidad de hierro del filón, pero no debía ser tan rentable como para ser explotado de nuevo y las minas cayeron otra vez en el olvido.