La vanguardia y el taller de Mondoñedo se unen en el Museo

LEMOS

Una muestra del chairego Bernardo Tejeda junta trabajo digital y en madera

23 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

«Conmoción instantánea». El chairego Bernardo Tejeda, que reparte su tiempo y su trabajo entre Castro de Rei y la Comunidad Valenciana, afirma que busca ese objetivo con las fotos que forman parte de la exposición Os santos, instalada en el Museo Provincial. Los claroscuros y los contrapicados de las imágenes demuestran, como él mismo explicaba ayer, una influencia de la estética barroca: Caravaggio y Mantegna pueden ser referencias, aunque él precisa que en el arte, pese a reconocer que las formas de expresión tienen anclajes en épocas pasadas, no conviene seguir el guión al pie de la letra.

Quizá tampoco tenía un guión determinado o un itinerario fijado el paseo por Mondoñedo que le proporcionó una conmoción tan inesperada como duradera. En una casa de la ciudad vio un cabina de madera que le impresionó por su aspecto y por su acabado: tanto, que volvió a contemplarla en posteriores visitas hasta lograr comprarla el año pasado.

Tejeda -que alterna esta muestra en el Museo Provincial con su presencia en la exposición El discreto encanto de la tecnología, ahora instalada en Karlsruhe (Alemania) tras inaugurarse en Badajoz esta primavera- subraya que la pieza le impactó por su aspecto aerodinámico. La cabina, que está colocada habitualmente en su estudio de Castro de Rei, le ayuda a viajar, aunque más por el mundo del arte que por territorios concretos.

Ensoñación

Viene a decir que cumple una función similar a la del Ready made , es decir, a la de los objetos que se convierten en piezas de arte una vez desprovistos de la función para la que fueron construidos. Lo que dio fama a artistas como Marcel Duchamp, uno de los nombres propios del arte en el siglo XX, es lo mismo que ocurre ahora con el mindoniense Aquilino Barreira, de la familia de Os Provisores, conocida por un negocio de carpintería que duró varias generaciones. Barreira, que trabajó en Chavín (Viveiro) en la fábrica de José Barro como maestro de plantillas, comenta que la carrocería tiene «un punto de ensoñación»: se hizo en verano, y no se construyó por encargo sino para carrozar un camión de la familia y para enseñar a dos sobrinos, Domingo y Leandro Barreira, pautas del oficio.

Mientras tanto, la exposición de la que forma parte en Alemania, El discreto encanto de la tecnología, es una muestra antológica que recorre el arte español del siglo XX para analizar la relación entre arte y ciencia. La exposición, en la que presenta un trabajo de Net art denominado Recurrentes , viajó de Badajoz a Karlsruhe, y continuará su recorrido por más países. Mientras tanto, la cabina de madera permite al que estos días visita el Museo Provincial viajar con la imaginación.